El Imacec retrocedió 1,5% en julio respecto de igual mes de 2025 y la actividad desestacionalizada cayó 1,7% frente a junio. El resultado representa el peor desempeño desde marzo de 2023 y expone problemas que van desde factores climáticos hasta dificultades estructurales de la minería.
La economía chilena recibió en julio un golpe que sorprendió por su magnitud.
El Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) registró una caída de 1,5% en doce meses, mientras que la serie desestacionalizada retrocedió 1,7% respecto de junio, de acuerdo con las cifras entregadas por el Banco Central.
El dato no solo rompe con el desempeño positivo observado durante los meses anteriores. También representa el peor resultado de la actividad económica desde marzo de 2023, cuando el Imacec había registrado una contracción de igual magnitud.
El contraste con junio es particularmente evidente: en ese mes la economía había crecido 2,4%.
En apenas un mes, el escenario cambió radicalmente.
La minería vuelve a convertirse en un lastre.
La principal explicación del retroceso está en la minería, particularmente en la producción de cobre.
El sector minero viene enfrentando dificultades que no son nuevas y que, más allá de los resultados de un determinado mes, revelan problemas estructurales de una de las actividades fundamentales para la economía chilena.
Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, apunta precisamente a ese fenómeno.
A su juicio, la minería chilena enfrenta faenas envejecidas, elevados costos de producción y una menor ley del mineral, factores que dificultan sostener los niveles de producción de años anteriores.
“No es una minería nueva”, explica el académico, apuntando a una industria que requiere mayores inversiones para enfrentar el deterioro natural de sus operaciones.
El propio Banco Central identificó varios factores detrás del retroceso de julio: menores leyes del mineral, trabajos de mantención y condiciones climáticas adversas afectaron la producción de cobre.
El problema es que cuando la minería tropieza, el impacto no queda encerrado en las faenas mineras.
Su peso dentro de la economía chilena termina transmitiéndose al resultado general.
El dato que complica el diagnóstico.
Hay, sin embargo, un dato que impide atribuir toda la debilidad de julio exclusivamente al cobre.
Al excluir la minería, el Imacec igualmente presentó una variación anual de -0,3%.
Eso significa que, aunque el desplome minero explica buena parte del resultado, existe una debilidad adicional en otros sectores de la economía.
Y ahí el diagnóstico comienza a ser más complejo.
No se trata únicamente de una mala cifra de producción minera.
También hay señales de menor actividad en servicios e industria.
El clima también pasó la cuenta.
A los problemas estructurales se sumó un factor coyuntural: las condiciones meteorológicas adversas registradas durante julio.
Los episodios climáticos pueden afectar directamente la producción, pero también generar interrupciones en infraestructura fundamental para el funcionamiento de la economía.
Caminos, puentes, puertos y otras instalaciones pueden convertirse en puntos críticos cuando las condiciones meteorológicas dificultan el transporte y la operación normal de las empresas.
Román advierte que el factor climático está adquiriendo una importancia creciente para la producción de bienes.
Y julio entregó un ejemplo concreto.
El Banco Central informó que la actividad de los servicios también se vio afectada por menores resultados en servicios personales y empresariales, transporte, restaurantes y hoteles.
En educación, además, las suspensiones de clases derivadas de las condiciones meteorológicas contribuyeron al retroceso.
Producción de bienes cae 3,2%.
La magnitud del deterioro se observa con mayor claridad al revisar los distintos componentes del indicador.
La producción de bienes disminuyó 3,2% en doce meses, explicada principalmente por la caída de la minería.
Los servicios también retrocedieron, aunque en menor magnitud, con una contracción de 0,7%.
El comercio fue prácticamente la excepción.
El sector creció 0,7% en doce meses, impulsado principalmente por las ventas minoristas.
Pero el consumo y el comercio no fueron suficientes para sostener el resultado general.
“El comercio es lo único que sube, pero no alcanza a compensar el resto de las producciones de bienes y servicios”, resume Román.
Un traspié que mezcla problemas coyunturales y estructurales.
La fotografía de julio, por lo tanto, tiene más de una explicación.
Por un lado, existen factores puntuales que pueden revertirse: condiciones climáticas adversas, interrupciones de actividades, mantenciones mineras o suspensiones de clases.
Pero, por otro, aparecen problemas de más largo plazo que no desaparecen cuando termina un frente de mal tiempo.
La minería enfrenta faenas más antiguas, menores leyes del mineral y mayores costos. Y fuera de la minería, el dato de -0,3% del Imacec no minero demuestra que la debilidad no puede explicarse exclusivamente por el cobre.
Ese es quizás el aspecto más inquietante de la cifra.
Si todo el retroceso hubiese obedecido a un fenómeno excepcional de la minería y al clima, el diagnóstico sería relativamente sencillo.
Pero cuando la economía muestra números negativos incluso descontando la principal actividad que explica la caída, la señal es distinta.
¿Un mal mes o una señal de alerta?.
Un solo dato mensual no basta para diagnosticar una recesión ni permite concluir que la economía haya entrado en una nueva fase de contracción.
Pero tampoco puede ignorarse.
El desplome de julio representa un brusco cambio respecto del desempeño de junio y deja en evidencia la vulnerabilidad de una economía altamente expuesta a la producción minera y, particularmente, al comportamiento del cobre.
La pregunta ahora es cuánto de esta caída corresponde a factores transitorios y cuánto refleja debilidades que podrían persistir durante los próximos meses.
El comercio entrega una señal positiva, pero insuficiente.
La minería vuelve a mostrar dificultades.
Los servicios retroceden.
La producción de bienes cae con fuerza.
Y el Imacec no minero también entra en terreno negativo.
El dato de julio, en definitiva, no es solo una mala cifra: es una advertencia sobre una economía que todavía enfrenta problemas para sostener un crecimiento equilibrado y menos dependiente de factores que escapan a su control.
El desafío será determinar si julio fue simplemente un tropiezo provocado por una combinación excepcional de factores o si representa el comienzo de una debilidad económica más profunda.
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