La desocupación aumentó un punto porcentual en doce meses durante el trimestre junio-agosto de 2026. El número de personas ocupadas cayó 0,9%, mientras los desocupados aumentaron 13%. La informalidad, en tanto, alcanzó el 26,3%.
El mercado laboral chileno vuelve a encender una señal de alerta. La tasa de desocupación alcanzó 9,6% durante el trimestre móvil junio-agosto de 2026, según las cifras difundidas este miércoles por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
El indicador aumentó 1,0 punto porcentual en doce meses y se ubicó nuevamente en niveles elevados para los últimos años. El dato se conoce apenas un mes después de que el trimestre mayo-julio registrara una tasa de 9,5%, evidenciando que la presión sobre el mercado laboral no ha cedido.
La cifra responde a una combinación particularmente compleja: mientras la fuerza de trabajo aumentó 0,3% en doce meses, la cantidad de personas ocupadas disminuyó 0,9%. Al mismo tiempo, las personas desocupadas aumentaron 13%.
El deterioro no se explica, por tanto, simplemente por una mayor cantidad de personas buscando empleo. El problema también está en la capacidad de la economía para absorber esa fuerza laboral.
Menos ocupados y más personas buscando trabajo.
De acuerdo con el INE, el aumento de las personas desocupadas estuvo determinado principalmente por quienes se encontraban cesantes, que aumentaron 12,1%, y por quienes buscan trabajo por primera vez, cuyo número creció 23,2%.
Las tasas de participación y ocupación se situaron en 61,5% y 55,6%, respectivamente. Ambas disminuyeron respecto de un año atrás: 0,3 puntos porcentuales en el caso de la participación y 0,9 puntos en la ocupación.
En paralelo, la población fuera de la fuerza de trabajo aumentó 1,8%.
El deterioro también alcanza a hombres y mujeres. La desocupación femenina llegó a 10,3%, con un aumento de un punto porcentual en doce meses, mientras que entre los hombres alcanzó 9,1%, tras subir 1,1 puntos.
Industria, comunicaciones y comercio entre los sectores afectados.
La caída del empleo no fue homogénea entre las distintas actividades económicas.
Según el INE, la población ocupada disminuyó principalmente por las variaciones registradas en industria manufacturera (-7,6%), información y comunicaciones (-16,8%) y comercio (-1,1%).
Por categoría ocupacional, la reducción estuvo marcada por los asalariados formales, que disminuyeron 2,9%, y por los familiares no remunerados, con una caída de 4%.
El comportamiento de la industria y de sectores vinculados a actividades de mayor especialización resulta especialmente relevante, porque muestra que el deterioro del mercado laboral no está concentrado exclusivamente en empleos de baja productividad.
La informalidad vuelve a crecer.
A la caída del empleo se suma otro elemento que tensiona el escenario laboral: la tasa de ocupación informal alcanzó 26,3%, aumentando 0,3 puntos porcentuales en doce meses.
Las personas ocupadas informales aumentaron 0,3%, aunque el comportamiento fue diferente entre hombres y mujeres. Mientras la informalidad entre las mujeres aumentó 2%, entre los hombres disminuyó 1,2%.
Por sectores, el incremento estuvo asociado principalmente a transporte (8,6%) y servicios administrativos y de apoyo (10,2%). Por categoría ocupacional, incidieron especialmente el personal de servicio doméstico, con un aumento de 14,6%, y los asalariados privados, con un alza de 1,1%.
La combinación de mayor desempleo y una informalidad que sigue representando más de una cuarta parte del empleo plantea una interrogante que va más allá de la tasa general de desocupación: no solo importa cuántos empleos se crean, sino también qué tipo de empleos se están generando y bajo qué condiciones.
La Región Metropolitana también registra un aumento.
En la Región Metropolitana, la tasa de desocupación llegó a 9,8%, aumentando 0,9 puntos porcentuales en doce meses.
El resultado estuvo determinado por una reducción de 1% en la población ocupada, mientras que la fuerza de trabajo disminuyó 0,1%.
Entre los sectores que explicaron la caída del empleo regional aparecen información y comunicaciones (-25,1%), industria manufacturera (-10,3%) y actividades de salud (-6%).
También disminuyó el empleo entre los asalariados formales, con una caída de 5,5%, y entre los asalariados informales, que retrocedieron 1,3%.
El desafío del Gobierno: transformar anuncios en empleo.
El deterioro del mercado laboral ocurre en paralelo al anuncio del plan “Chile Despega, con más pega”, presentado esta semana por el Presidente José Antonio Kast, iniciativa con la que el Gobierno proyecta generar más de 100 mil empleos entre 2026 y 2027.
El programa contempla, según lo informado por el Ejecutivo, una movilización de $1,3 billones y apunta a estimular la inversión y facilitar proyectos mediante modificaciones y medidas relacionadas con permisos y condiciones para la actividad económica.
El Gobierno ha planteado que existe una recuperación del interés de los inversionistas y que las condiciones jurídicas y administrativas del país favorecerían nuevas iniciativas de inversión.
Sin embargo, el dato conocido este miércoles instala una vara concreta para evaluar esas expectativas: la economía necesita no solo atraer inversión, sino traducirla en puestos de trabajo efectivos, formales y sostenibles.
Por ahora, las cifras del INE muestran que esa recuperación todavía no se refleja en el mercado laboral. Con una desocupación de 9,6%, una caída anual de 0,9% en el número de ocupados y una informalidad de 26,3%, el desafío para las autoridades no está únicamente en anunciar nuevas medidas, sino en conseguir que esas medidas lleguen al empleo que buscan los trabajadores.
El próximo dato del INE permitirá determinar si el 9,6% representa un nuevo punto de presión transitorio o la prolongación de una tendencia que sigue golpeando al mercado laboral chileno.
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