El senador Francisco Huenchumilla destacó la trayectoria del histórico dirigente socialista, a quien definió como un hombre de Estado, un demócrata “a carta cabal” y un político capaz de anteponer el diálogo y los acuerdos a la lógica de la confrontación. Su homenaje adquiere una dimensión particular en momentos en que la política chilena enfrenta una creciente dificultad para construir entendimientos.
El fallecimiento de Camilo Escalona deja algo más que el vacío provocado por la partida de uno de los dirigentes históricos del Partido Socialista. También abre un espacio para revisar una manera de ejercer la política que, con sus luces y sombras, estuvo marcada por la experiencia, la negociación, la defensa de convicciones y, sobre todo, por la disposición a conversar incluso con quienes pensaban distinto.
Así lo planteó el senador de la Democracia Cristiana Francisco Huenchumilla, quien reaccionó con especial afecto y respeto ante la muerte del exsenador y expresidente del Senado, a quien calificó como un dirigente de “gran estatura”, un hombre de Estado y un demócrata “a carta cabal”.
Huenchumilla recordó que conoció a Escalona durante el retorno de la democracia y que desde 1990 compartió con él distintas instancias de la actividad política. En su relato aparece una característica que, a su juicio, definió buena parte de la trayectoria del dirigente socialista: la capacidad de estar “a la altura de las circunstancias”.
“Fue un político inteligente; un estratega, diría yo”, sostuvo Huenchumilla, poniendo el acento en una cualidad que trasciende las fronteras partidarias: la capacidad de entender la política como el ejercicio de construir acuerdos sin necesariamente renunciar a las propias convicciones.
Para el senador DC, Escalona tenía una particular vocación por el diálogo democrático y por encontrar puntos de encuentro “por el bien de Chile”. Esa disposición, remarcó, convivía con una identidad política nítida: la defensa de sus principios y, particularmente, de los sectores más desposeídos.
Un socialista marcado por la historia.
El reconocimiento de Huenchumilla también se detiene en la dimensión histórica de Escalona. Fue, recordó, “un socialista de toda la vida”, marcado por el exilio, la clandestinidad y la lucha por el retorno de la democracia y la justicia social.
Esa trayectoria resulta inseparable de la historia política chilena de las últimas décadas. Escalona perteneció a una generación que experimentó la fractura democrática, la persecución política y el exilio, y que posteriormente debió enfrentar el complejo desafío de reconstruir la democracia y reinsertar a sus partidos en una nueva realidad institucional.
Pero el valor de su trayectoria, según Huenchumilla, no estuvo únicamente en la defensa de sus convicciones. Estuvo también en su capacidad para comprender que la política democrática exige diálogo, negociación y búsqueda de acuerdos.
Y es precisamente allí donde el homenaje adquiere una lectura que excede el protocolo de un mensaje de condolencias.
En una política crecientemente dominada por la polarización, la descalificación y las trincheras partidarias, reivindicar la capacidad de diálogo de Escalona equivale también a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿Qué espacio queda hoy para una política que sea capaz de defender principios sin convertir al adversario en un enemigo?
Huenchumilla parece sugerir una respuesta al recordar al dirigente socialista como un hombre que supo mantener sus convicciones, pero que al mismo tiempo tuvo la disposición de buscar entendimientos.
La política como ejercicio de responsabilidad.
“Camilo siempre estuvo a la altura de las circunstancias”, insistió el senador DC. La frase puede leerse como una definición de Escalona, pero también como una vara para medir el presente.
Porque la política no se agota en ganar elecciones, controlar bancadas o imponer mayorías circunstanciales. También requiere capacidad de escuchar, comprender al adversario y asumir que la democracia obliga a convivir con diferencias que no desaparecerán mediante consignas ni descalificaciones.
Ese es, quizás, uno de los aspectos más relevantes del mensaje de Huenchumilla: rescatar la “estatura política y humana” de Escalona como un ejemplo para las nuevas generaciones.
El senador extendió sus condolencias a la familia del dirigente y al Partido Socialista, partido con el que —recordó— durante décadas se ha construido buena parte del progresismo chileno.
Su llamado final fue, en ese sentido, tanto un homenaje como una advertencia: recuperar en la política la buena fe, el respeto mutuo, la altura de miras, la capacidad de escucha y el diálogo.
La muerte de Camilo Escalona cierra la trayectoria de uno de los protagonistas de una generación política decisiva para Chile. Pero el verdadero significado de su legado no estará solamente en los cargos que ocupó ni en las batallas políticas que libró.
También estará en una pregunta que su partida vuelve inevitable: si la política chilena ha perdido capacidad para dialogar, ¿Cuánto de esa pérdida se explica por haber olvidado precisamente la estatura política que dirigentes como Escalona alguna vez representaron?
“Camilo Escalona, descansa en paz”, concluyó Huenchumilla.
El desafío que deja planteado, sin embargo, pertenece a los vivos.
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