Por: Alondra Neira Rivera, Psicóloga Clínica, Magíster en Terapias de Tercera Generación, Universidad Internacional de Valencia, España.
Un diagnóstico de cáncer no solo afecta al cuerpo. También puede cambiar la manera en que una persona se relaciona consigo misma, con su familia, con sus proyectos y con el futuro que había imaginado. De un momento a otro, aparecen exámenes, tratamientos, procedimientos, cambios físicos y decisiones que pueden hacer que la vida cotidiana se sienta muy diferente a como era antes.
En este proceso pueden aparecer emociones muy distintas: miedo, rabia, tristeza, incertidumbre, angustia, frustración e incluso culpa. También puede existir alivio en algunos momentos, especialmente cuando termina un tratamiento, cuando llegan buenas noticias o simplemente cuando se encuentra un espacio de descanso dentro de todo lo que está ocurriendo. No hay una forma correcta de sentirse frente a un diagnóstico de cáncer.
La enfermedad también puede implicar un proceso de duelo. Y no necesariamente se trata solamente del miedo a perder la vida. Existe un duelo anticipado que puede aparecer cuando la persona comienza a imaginar posibles pérdidas, cambios y escenarios futuros. Se puede hacer duelo por la vida que se tenía, por los planes que debieron suspenderse, por determinadas capacidades físicas, por la independencia, por el trabajo, por la imagen corporal o por una versión de uno mismo que ya no se siente igual.
El duelo por el propio cuerpo y sus cambios es una realidad. Y en ese proceso no siempre necesitamos aprender a “amar” inmediatamente nuestro cuerpo. A veces el primer paso puede ser algo más sencillo y compasivo: dejar de tratarlo como un enemigo y comenzar a reconocer todo lo que ha tenido que atravesar.
El impacto psicológico de la enfermedad también puede ser importante. En algunas personas pueden aparecer síntomas de ansiedad, depresión, estrés postraumático u otras dificultades de salud mental durante el proceso oncológico o después de este. Esto no significa que la persona sea débil ni que esté afrontando mal su enfermedad. Una experiencia médica compleja puede sobrepasar los recursos que una persona tenía disponibles y hacer necesario un acompañamiento psicológico o psiquiátrico.
El dolor también merece una mirada integral. Cuando existe dolor físico, es comprensible que la atención quede completamente atrapada en esa sensación. La práctica de mindfulness puede ayudar a desarrollar una relación diferente con la experiencia dolorosa, observando las sensaciones corporales sin agregar necesariamente una segunda capa de sufrimiento relacionada con el miedo, la anticipación o la lucha constante contra lo que está ocurriendo.
Aceptar el dolor no significa resignarse ni dejar de buscar tratamiento. Tampoco significa decir que el dolor “está en la mente”. La aceptación implica reconocer que, en ese momento, existe una experiencia dolorosa y permitirnos relacionarnos con ella de una manera menos reactiva. A través de principios de la meditación y de la atención plena, se puede aprender a observar las sensaciones, la respiración, los pensamientos y las emociones momento a momento, sin exigir que desaparezcan inmediatamente.
También puede ser una oportunidad para desarrollar autocompasión. Hablarle al propio cuerpo de una manera diferente, reconocer el cansancio, respetar los límites y dejar de exigirle que funcione como antes. Hay momentos en que cuidarse significa hacer menos, descansar, pedir ayuda o aceptar que las capacidades actuales son diferentes a las de antes.
La familia también atraviesa su propio proceso. Quienes acompañan pueden experimentar miedo, agotamiento, tristeza, culpa e incertidumbre. En ocasiones aparece también un duelo anticipado frente a la posibilidad de perder a alguien querido. Por eso, cuidar al paciente también implica poder cuidar a quienes están sosteniendo parte de este proceso.
La psicooncología no busca eliminar todas las emociones difíciles que aparecen frente al cáncer. Busca ofrecer un espacio para comprenderlas, expresarlas y encontrar maneras más saludables de atravesarlas. A veces será necesario trabajar la ansiedad o la depresión; otras veces, elaborar un duelo, procesar una experiencia traumática, adaptarse a un nuevo cuerpo, aprender a convivir con el dolor o simplemente encontrar un espacio donde la persona pueda dejar de sentirse obligada a estar bien.
Detrás del diagnóstico sigue existiendo una persona con una historia, un cuerpo, vínculos, miedos, deseos y proyectos. Y acompañar psicológicamente el cáncer también significa cuidar esa parte de la experiencia que muchas veces no aparece en los exámenes ni en las imágenes médicas, pero que también necesita ser escuchada.

&-Fcc
Para cualquier comunicación, entrega de antecedentes de forma privada o denuncia,
a través del teléfono +56 9 9841 47462, WhatsApp +56 9 6419 5500, o al correo contacto@noticiascomunitarias.cl
"Para pensar, comentar y compartir"
