UF HOY: cargando... UTM: cargando... DÓLAR HOY: cargando... EL TIEMPO MÁX: N/D TEMUCO MÍN: N/D 🌤️ CALIDAD DEL AIRE: cargando...

Por: Francisca Cerro Verdugo, Psicóloga Clínica, Psicoterapeuta Sistémica Familiar, Magíster en Psicología Clínica de Adulto en Universidad de Chile.

Durante el último tiempo he estado pensando muchísimo en la forma en que me vinculo con otras personas y en cómo se han ido construyendo mis relaciones recientes en esta era de inteligencia artificial, hiperconectividad y redes sociales.

Hay un dicho que afirma que todo tiempo pasado fue mejor. No estoy tan segura (ni muy de acuerdo) de que sea así. Pero sí creo que el desarrollo de internet, los teléfonos inteligentes y, más recientemente, la inteligencia artificial, ha cambiado profundamente la manera en que nos relacionamos y, por lo tanto, la forma en que habitamos la amistad, la pareja, la familia y tantas otras formas de afecto. Hace algunas décadas era impensado tener amigos al otro lado del mundo o conocer a una pareja a través de una aplicación. Hoy no solo es posible, sino que se ha vuelto lo esperado. Sin embargo, me pregunto: ¿Cómo se construyen los vínculos cuando gran parte de nuestras interacciones ocurren en lo digital? ¿Cómo hemos vivido estos cambios en nuestra cotidianeidad?

Parto por decir que esto no pretende ser una crítica a lo digital. Gran parte de las herramientas que uso para comunicarme y vincularme son redes sociales. Además, para una persona autista como yo, escribir muchas veces resulta más fácil, cómodo y accesible que la comunicación presencial. Sin embargo, últimamente me ha llamado la atención algo que aparece en algunas conversaciones por chat: el uso de la inteligencia artificial para responder preguntas, redactar mensajes o gestionar conversaciones que podrían ser difíciles, incómodas o emocionalmente significativas.

Y ahí aparecen las interrogantes: ¿Qué nos lleva a hacer esto? ¿No estamos siendo capaces de responder? ¿No queremos hacerlo? ¿Nos cuesta encontrar las palabras?

¿O simplemente recurrimos a la comodidad de una herramienta que redacta una respuesta aparentemente mejor de lo que nosotros podríamos hacer?

No tengo una respuesta definitiva. Pero sí me inquieta qué ocurre con el significado de una conversación cuando parte de ella ya no proviene directamente de quien está al otro lado. En una línea similar, he pensado y leído sobre esa sensación de estar construyendo vínculos cada vez más desechables; relaciones que, frente a la primera dificultad, conflicto o incomodidad, se esfuman. Se ghostea. Se deja de responder. Se bloquea. Se elimina.

Entonces surge una pregunta todavía más compleja: ¿Cómo construimos vínculos estables y duraderos sin la tensión del desencuentro, sin el malestar, sin las discusiones y sin la incomodidad que implica encontrarnos realmente con un otro?

Pareciera que cada vez tenemos menos tiempo, menos energía y, quizás, menos disposición para vincularnos, precisamente en una época en la que estamos hiperconectados. Es un cliché decir que estamos más conectados que nunca y, al mismo tiempo, más solos, pero los clichés se vuelven tales porque contienen una parte de verdad.

Pese a esto, no creo que la culpa sea de la inteligencia artificial. De hecho, me parece una herramienta tremendamente útil para ordenar ideas, explorar proyectos, aprender, explicar, buscar formas de expresar o acompañar procesos creativos. La IA no piensa por ti; depende, en gran medida, de cómo decidimos utilizarla.

Quizás el punto central no es preguntarnos si debemos usar IA o no, pues ya forma parte de nuestras vidas y lo seguirá haciendo. La pregunta es: ¿Qué queremos hacer con nuestros vínculos humanos en medio de todo esto? ¿La amistad actual se reducirá a enviarnos reels, reaccionar a historias, compartir memes y tomarnos selfies de vez en cuando? ¿Las relaciones afectivas serán solo hacer match? No lo creo.

Los vínculos humanos se sostienen y se han sostenido siempre en la complicidad, el tiempo compartido, los valores comunes y la disposición a mostrar nuestras diferencias. En aquello que se siente y que la IA no puede interpretar ni sentir (hasta ahora). Construir una relación genuina implica conocer a la otra persona, escucharla, dejarse afectar, negociar, poner límites, equivocarse, reparar y volver a intentar. Como me gusta decirlo: tener un amigo es un acto de fe. Implica confiar.

Pero entonces ¿Cómo construimos confianza cuando ya no siempre sabemos quién está hablando al otro lado de la pantalla? Tal vez la respuesta no esté en rechazar la tecnología, sino en defender el valor de nuestra propia torpeza, de nuestras dudas y de nuestras palabras. De saber y entender que en los vínculos está bien equivocarse, y quizás el verdadero «acto de fe» hoy consiste en atrevernos a responder desde la vulnerabilidad, asumiendo el riesgo de la incomodidad y el error. Porque al final del día y de nuestra intimidad, lo que nos une no es la respuesta ni menos el vínculo perfecto generado por un algoritmo, sino la certeza humana de sentir que, del otro lado, hay alguien dispuesto a construir conmigo.

&Fcc

Para cualquier comunicación, entrega de antecedentes de forma privada o denuncia,

a través del teléfono +56 9 9841 47462, WhatsApp +56 9 6419 5500, o al correo contacto@noticiascomunitarias.cl

"Para pensar, comentar y compartir"

@destacar @seguidores #Temuco #Cautin #Malleco #Araucanía #Chile

error: ¡¡El contenido está protegido!!
Powered by Joinchat