La cuarta Corrida/Caminata por el Cáncer reunió a familias, deportistas y sobrevivientes de la enfermedad en una actividad que puso el acento en la prevención, la detección temprana y el acompañamiento integral de los pacientes. Detrás de la convocatoria masiva hubo historias personales, como la de Zuleima Buriel, quien después de enfrentar un diagnóstico de cáncer decidió volver a correr para celebrar la vida.
«Hoy estoy corriendo por mí y también por todas esas personas que han pasado por esta enfermedad. Y por quienes, lamentablemente, no lograron superarla. Me siento motivada. Me emociona saber que hay un grupo de personas pendientes, que no estamos solas. Porque esta enfermedad involucra muchas cosas, no solamente el cuerpo, también las emociones».
Las palabras de Zuleima Buriel resumen buena parte del sentido que tuvo la cuarta Corrida/Caminata por el Cáncer Temuco 2026, una jornada que reunió a cerca de 2 mil personas en torno a una causa que trasciende lo deportivo: visibilizar el impacto del cáncer y recordar la importancia de la prevención, los controles médicos y el acompañamiento de quienes enfrentan esta enfermedad.
Hace dos años, el cáncer irrumpió inesperadamente en la vida de Zuleima. El diagnóstico cambió sus prioridades y la obligó a iniciar una dura batalla que incluyó tratamientos de quimioterapia y radioterapia. En ese proceso descubrió también el valor del ejercicio físico como complemento de su recuperación.
Hoy, después de superar la enfermedad, volvió a ponerse las zapatillas para participar en esta actividad solidaria. Pero esta vez el desafío tenía un significado distinto: correr para celebrar que está viva, compartir su experiencia y hacerlo junto a su nieto.
Su historia fue una de las tantas que dieron sentido a una convocatoria que congregó a participantes de distintas edades, familias y deportistas en las categorías de 3, 5 y 10 kilómetros, con partida y meta frente al Colegio Pumahue de Temuco.
Más que una competencia, la actividad buscó instalar un mensaje de conciencia pública sobre la necesidad de avanzar en prevención, detección temprana, acceso oportuno a tratamientos integrales y procesos de rehabilitación para las personas con diagnóstico oncológico.
Más que una carrera: prevención, acompañamiento y calidad de vida.
La cuarta versión de la Corrida/Caminata por el Cáncer fue organizada conjuntamente por Fundación Vida en Movimiento y Fundación Vivir Más Feliz, dos instituciones que, desde ámbitos complementarios, trabajan para mejorar la calidad de vida de pacientes oncológicos y sus familias.
Álvaro Ponce, presidente de Fundación Vida en Movimiento, destacó que la lucha contra el cáncer requiere ir más allá de la información y los diagnósticos oportunos.
«No solamente tenemos que detectar temprano. No solamente tenemos que estar informados. Tenemos que prevenir, y la condición física ha demostrado con evidencia científica que es una herramienta importante, junto con una buena alimentación, para reducir el riesgo de esta enfermedad», señaló.
La actividad también puso de relieve una dimensión muchas veces menos visible: el impacto emocional y familiar que provoca un diagnóstico de cáncer.
Carolina Brodsky, directora ejecutiva de Fundación Vivir Más Feliz, valoró la participación de personas que, sin necesariamente tener una experiencia directa con la enfermedad, decidieron sumarse a la convocatoria.
«No solo vemos a las familias corriendo, sino también a personas que empatizan con la causa. Eso es muy importante para quienes tienen algún familiar enfermo de cáncer, porque, como hemos dicho muchas veces, en nuestro caso no solamente se enferman los niños, sino que también es un golpe muy duro para toda la familia», expresó.
El cáncer infantil y la importancia de no perder la infancia.
Fundación Vivir Más Feliz lleva 15 años trabajando para mejorar la calidad de vida de niños, niñas y adolescentes diagnosticados con cáncer, mediante un modelo de atención integral que busca complementar los tratamientos médicos con apoyo emocional y psicosocial.
La organización cuenta con dos centros oncopediátricos integrales, uno de ellos ubicado en La Araucanía, en el Hospital Dr. Hernán Henríquez Aravena de Temuco.
En estos espacios, los pacientes y sus familias reciben acompañamiento que busca hacer más llevadera la experiencia hospitalaria. A las atenciones médicas se suman intervenciones como musicoterapia, juegoterapia y risoterapia, además de apoyo psicosocial y emocional.
El objetivo es que los niños y adolescentes puedan enfrentar sus tratamientos sin perder completamente los espacios propios de su infancia, reconociendo que el bienestar emocional también forma parte de su proceso de atención.
Rehabilitación física: un complemento para enfrentar el tratamiento.
Por su parte, Fundación Vida en Movimiento nació hace cuatro años con el propósito de incorporar la rehabilitación metabólica al acompañamiento de pacientes oncológicos.
Su trabajo se desarrolla mediante un programa gratuito que contempla sesiones de entrenamiento físico individualizado, tanto presenciales como telemáticas, adaptadas a las condiciones y necesidades de cada paciente.
La propuesta busca contribuir a mejorar la capacidad funcional, la tolerancia a los tratamientos y la calidad de vida, además de ayudar a disminuir algunos de sus efectos secundarios.
La colaboración entre ambas fundaciones apunta precisamente a complementar sus respectivas áreas de trabajo: mientras una fortalece el acompañamiento integral de niños y sus familias, la otra incorpora herramientas de rehabilitación física para pacientes oncológicos.
Los recursos recaudados a través de la actividad permitirán beneficiar a niños y adultos que reciben atención gratuita en ambas organizaciones.
Correr para que nadie enfrente el cáncer en soledad.
La masiva participación en Temuco dejó una señal que va más allá de los kilómetros recorridos. Detrás de cada participante hubo una motivación distinta: acompañar a un familiar, recordar a alguien que falleció, apoyar a quienes actualmente enfrentan la enfermedad o simplemente contribuir a generar conciencia.
En ese escenario, la historia de Zuleima adquiere un significado especial. Su participación no fue solamente una celebración personal después de superar el cáncer, sino también una forma de expresar solidaridad con quienes todavía libran esa batalla.
Porque cuando el cáncer entra en una familia, sus consecuencias no se limitan al paciente. También alcanza a quienes acompañan, cuidan y enfrentan junto a él la incertidumbre del diagnóstico y las exigencias del tratamiento.
Y precisamente ese fue uno de los mensajes centrales de esta cuarta corrida: promover una sociedad más consciente, solidaria y comprometida con la prevención, el acceso a la atención y el acompañamiento integral de las personas afectadas por esta enfermedad.
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