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Más de 60 empresas de Magallanes participaron en una rueda de negocios con representantes de las islas Falkland/Malvinas, en un intento por abrir un nuevo mercado para productos y servicios regionales. El proyecto contempla una futura conexión marítima directa, pero ocurre en un escenario marcado por la disputa de soberanía entre Argentina y Reino Unido.

“Queremos ser el gran supermercado, el gran home center de las islas”.

La frase del alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, resume la dimensión comercial que la capital de Magallanes busca darle al acercamiento con las islas Falkland/Malvinas, territorio administrado por el Reino Unido y cuya soberanía es reclamada por Argentina.

La declaración fue realizada en el marco de una rueda de negocios desarrollada en Punta Arenas, que reunió a más de 60 empresas magallánicas con representantes empresariales e institucionales de las islas. Según los organizadores, el encuentro terminó con 822 reuniones de negocios, orientadas a explorar contratos de abastecimiento y nuevas oportunidades comerciales.

La apuesta es concreta: que empresas de Magallanes puedan abastecer parte de las necesidades de los habitantes del archipiélago, que actualmente recurren en buena medida a Montevideo como punto de abastecimiento.

Radonich estima que ese mercado podría representar un flujo comercial superior a US$20 millones anuales para la región. Se trata, sin embargo, de una proyección planteada por el municipio y no de un volumen de negocios ya asegurado. 

De los materiales de construcción a los alimentos.

La oportunidad que buscan explorar las empresas magallánicas es amplia.

Desde las islas existe interés por productos y servicios que incluyen materiales de construcción, maquinaria, mobiliario, alimentos, bebidas, suministros agrícolas y ganaderos, combustibles y repuestos, entre otros rubros.

La lógica planteada por Radonich es que Punta Arenas pueda ofrecer una alternativa logística más cercana para determinados productos que actualmente llegan desde Uruguay.

“Si una familia quiere ampliar la casa o el baño, pueda comprar esos artículos acá; saldría mucho más barato que traerlos desde Uruguay”, ejemplificó el alcalde.

Para las pequeñas y medianas empresas de Magallanes, la posibilidad de acceder a un mercado externo de estas características podría abrir un nuevo espacio de comercialización. Pero para que esa expectativa se transforme en actividad económica permanente será decisiva la capacidad logística y, especialmente, la existencia de una conexión marítima regular.

La ruta marítima que puede cambiar el escenario.

La estrategia comercial está estrechamente vinculada a la futura conexión marítima entre Punta Arenas y las islas.

La administración de las Falkland/Malvinas contrató a la naviera chilena Easter Island para desarrollar el servicio, con una embarcación de bandera chilena. Los antecedentes disponibles sitúan el inicio de la ruta hacia fines de 2026, con referencias a un primer zarpe proyectado para noviembre. 

La ruta pretende resolver precisamente uno de los principales obstáculos del intercambio: la logística.

De hecho, desde las islas se espera que los primeros pedidos permitan comprobar si existe suficiente demanda para sostener comercialmente la conexión. La rueda de negocios de Punta Arenas fue organizada justamente con esa perspectiva: acercar a compradores y proveedores antes de que la nueva ruta entre en funcionamiento.

Entre las empresas magallánicas participantes estuvieron Ferretería Bolt, Servinaut, Carnes Natales y Embotelladora Andina.

Desde el empresariado de las islas, el director de la Cámara de Comercio de las Falkland, Mike Summers, calificó el encuentro como una oportunidad para recuperar vínculos comerciales que existieron durante décadas. 

Un negocio que no ocurre en un vacío político.

La dimensión económica de la iniciativa convive con una realidad inevitable: Argentina mantiene su reclamación de soberanía sobre las islas, actualmente administradas por el Reino Unido.

Por eso, el acercamiento comercial entre Punta Arenas y las Falkland/Malvinas ha sido observado con atención desde Buenos Aires. El Gobierno argentino señaló que monitorea la situación y advirtió que actuará dentro de los marcos jurídicos y diplomáticos que considere aplicables.

La controversia no es nueva. Argentina sostiene desde hace décadas su reclamación sobre las islas, mientras el Reino Unido mantiene su administración del territorio. En ese contexto, cualquier iniciativa que profundice las conexiones económicas de las Falkland con terceros países puede adquirir una dimensión política que excede las intenciones de sus organizadores.

Es precisamente ahí donde la frase de Radonich adquiere una lectura que va más allá del comercio.

El alcalde sostiene que Punta Arenas debería poder competir por ese mercado de la misma manera que lo hace Montevideo y cuestiona que existan diferencias entre comerciar con Uruguay y hacerlo desde Chile.

“Hoy las islas comercian a 100 km de Buenos Aires, en Montevideo. Uruguay y Chile adhieren al Mercosur y han apoyado la misma declaración. No comprendo la discriminación de que Montevideo sí pueda comerciar y Punta Arenas no”, argumentó.

¿Negocio regional o nuevo punto de fricción?.

El desafío para Punta Arenas será convertir una oportunidad comercial en un flujo económico permanente sin que las tensiones diplomáticas terminen condicionando la operación.

Por ahora, lo concreto es que hubo una rueda de negocios, cientos de reuniones empresariales y una expectativa de nuevos contratos. También existe un proyecto de conexión marítima que busca reducir las dificultades logísticas que hoy enfrenta el abastecimiento de las islas. 

Lo que todavía está por demostrarse es si esa combinación será suficiente para generar el volumen comercial proyectado y, sobre todo, si las empresas de Magallanes podrán convertir la oportunidad en un mercado estable.

Para Punta Arenas, la apuesta es económica: ampliar el radio de acción de sus empresas y aprovechar su posición geográfica en el extremo austral.

Para las islas, significa diversificar sus alternativas de abastecimiento.

Y para la relación entre Chile y Argentina, el movimiento agrega un nuevo elemento a una agenda bilateral que ya contiene asuntos sensibles. La iniciativa, por lo tanto, no solo pondrá a prueba la capacidad comercial de Magallanes. También mostrará hasta dónde puede avanzar la cooperación económica cuando se desarrolla en un territorio cuya soberanía continúa siendo objeto de una disputa internacional.

&-Fcc

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