Por: Gloria Romero Astorga, Administradora Pública. Mag. (C) En Gobierno y Dirección Pública en la UA, Postítulo en Ciencia Política UDEC, Diplomada en Entorno Estratégico UA.
El martes 22 de septiembre de 2026, el presidente José Antonio Kast anunció que Chile se sumaba al Escudo de las Américas, una coalición de 15 países impulsada por Donald Trump para combatir el crimen organizado. El actual gobierno dijo que esto nos da beneficios inmediatos: más información contra el narcotráfico, mejores sistemas de análisis de datos y más coordinación con Argentina, Bolivia y Perú en las fronteras.
Pero hay algo que el gobierno no contó en su comunicado oficial: el Escudo también tiene un pilar económico. Y ese pilar puede afectar directamente el comercio, las inversiones y los empleos en Chile.
Lo que no dijeron: el Escudo también es economía.
La declaración que Chile firmó con EE.UU. y otros 13 países incluyen tres compromisos económicos concretos:
- Control de inversiones: los países se comprometen a explorar mecanismos para revisar y filtrar inversiones extranjeras.
- Cadenas de suministro de minerales críticos: se busca proteger el abastecimiento de cobre, litio y tierras raras, priorizando fuentes confiables.
- Proveedores de confianza en infraestructura digital: se promueven regulaciones para que solo empresas confiables participen en redes 5G, fibra óptica y centros de datos.
La Cancillería chilena no mencionó estos puntos cuando anunció la adhesión. Pero están ahí, escritos en la declaración oficial del Departamento de Estado de EE.UU. Y tienen consecuencias reales para Chile.
Los Tres riesgos económicos concretos son:
- Presiones para venderle menos a China. Los compromisos del Escudo sobre cadenas de suministro confiables y control de inversiones pueden usarse para presionar a Chile a diversificar mercados y reducir su dependencia de Beijing. Pero la estructura productiva chilena no puede absorber eso sin costos: menos ventas de cobre y litio significan menos regalías fiscales, menos empleo minero y menos ingresos para el Estado.
- Riesgo para inversiones chinas en minería. Si el Escudo promueve filtrar o retrasar proyectos chinos en minería crítica, eso puede afectar flujos de capital, empleo y regalías. Empresas chinas ya operan minas de litio en Chile y Argentina. Cualquier traba a esas inversiones se traduce en menos actividad económica y menos recursos para el país.
- Infraestructura digital más cara. La promoción de proveedores de confianza apunta directamente a empresas chinas como Huawei y ZTE, que han participado en redes 5G, fibra óptica y centros de datos en la región. Si Chile se ha presionado a excluir a estos proveedores, tendrá que reemplazar equipos, renegociar contratos o hacer nuevas licitaciones con actores más caros. Eso se paga con dinero público y puede retrasar la digitalización del país.
Nuestra economía depende de China: los números no mienten.
Para entender el impacto, hay que partir por un dato simple: China es el principal socio comercial de Chile desde 2013. En 2025:
- El 32,7% de todo el comercio chileno fue con China.
- El 35,4% de las exportaciones chilenas se vendieron a China.
- China compró el 67% del litio que producimos.
- China compró el 87% de las cerezas chilenas.
- Más de la mitad del cobre chileno se fue a China.
- Uno de cada tres automóviles nuevos que se venden en Chile es de marca china.
Además, empresas chinas están detrás de las principales minas de litio en Chile y Argentina, y han invertido fuertes en cobre y tierras raras en toda la región. En otras palabras: la economía chilena está profundamente atada a China.
¿Y entonces, qué nos jugamos?.
El gobierno insiste en que la adhesión no compromete legalmente al país y que el Escudo “carece de existencia jurídica”. Pero la coordinación política tiene efectos económicos reales. Cuando 15 gobiernos se comprometen a explorar mecanismos de control de inversiones y resguardo de cadenas de suministro bajo liderazgo estadounidense, las señales a los mercados son claras: Occidente prioriza fuentes confiables y filtra actores considerados malignos.
Chile no puede permitir que la alineación estratégica reemplace la autonomía económica. La soberanía no se defiende con discursos: se protege con capacidad para negociar con todos los actores globales sin depender de ninguno. Y cuando el multilateralismo se convierte en un club de gobiernos afines coordinados desde Washington, no hay multilateralismo: hay alineamiento. Y el alineamiento, en un mundo multipolar, siempre se paga caro.

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