Subtel ordenó el bloqueo de 37 nuevos dominios vinculados a plataformas de apuestas online, que se suman a otros 42 sitios previamente restringidos. Sin embargo, especialistas advierten que cambiar una dirección web puede ser suficiente para volver a aparecer en internet.
Bloquear un sitio web no necesariamente significa hacerlo desaparecer de internet. Esa es una de las principales dificultades que enfrenta la estrategia adoptada por las autoridades chilenas para restringir el acceso a plataformas de apuestas online consideradas ilegales.
La Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) instruyó esta semana el bloqueo de 37 nuevos dominios asociados a sitios de apuestas online, una medida que se suma a otros 42 dominios bloqueados previamente.
La nueva nómina fue remitida por la Superintendencia de Casinos de Juego (SCJ), y las empresas proveedoras de internet disponen de un plazo máximo de 48 horas desde la notificación para incorporar las nuevas direcciones a sus sistemas de bloqueo.
El problema es que, técnicamente, una dirección bloqueada no necesariamente equivale al cierre de una plataforma.
El juego del “gato y el ratón”.
El académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad de los Andes, Alejandro Ried, explica que el mecanismo utilizado por las autoridades —el bloqueo mediante DNS— tiene una limitación fundamental: las plataformas pueden modificar sus dominios y volver a operar bajo otra dirección.
“El bloqueo de los DNS, que es lo que está aplicando el Gobierno, es un tema tipo juego del ‘gato y el ratón’”, sostiene Ried.
El DNS, o Sistema de Nombres de Dominio, funciona como una especie de directorio que permite asociar el nombre que utiliza un sitio web con la dirección del servidor donde se encuentra alojado.
Por eso, cuando una autoridad ordena bloquear un dominio, el acceso a esa dirección específica puede quedar restringido. Pero si la plataforma cambia de dominio, la dirección bloqueada deja de ser necesariamente la única puerta de entrada.
“Es fácil de cambiar para las casas de apuestas, que suelen modificar el dominio”, explica el académico.
El resultado es una carrera permanente entre quienes intentan restringir el acceso y las plataformas que buscan mantenerse disponibles.
Bloquear una dirección no es lo mismo que cerrar una plataforma.
La dificultad aumenta debido a la propia naturaleza de internet. Según Ried, el bloqueo aplicado por los proveedores nacionales no implica necesariamente que los sitios dejen de existir o que sus servidores se encuentren dentro del territorio chileno.
“Si yo uso un DNS Server público como el de Google o Cloudflare, finalmente se pueden encontrar los sitios porque ellos no están físicamente en Chile”, señala.
En otras palabras, una medida aplicada sobre los mecanismos de resolución de nombres utilizados por los proveedores de internet puede reducir el acceso convencional, pero no necesariamente elimina la infraestructura tecnológica que sostiene a la plataforma.
Ese matiz es clave para entender el alcance real de la medida. El bloqueo puede dificultar el acceso, pero no necesariamente consigue que un sitio deje de funcionar.
Una restricción que exige vigilancia permanente.
La estrategia, por tanto, requiere actualización constante. Cada nuevo dominio detectado puede ser incorporado a las listas de bloqueo, pero las plataformas pueden responder habilitando nuevas direcciones.
Es una dinámica que transforma el bloqueo en un proceso continuo, más que en una solución definitiva.
“Es un juego constante en donde es imposible bloquear completamente la navegación”, plantea Ried.
El académico sostiene que estas restricciones pueden disminuir temporalmente el número de usuarios que acceden a las plataformas, pero que ese efecto puede revertirse cuando los sitios vuelven a ser identificados y encontrados por los usuarios.
La discusión deja así una cuestión abierta para las autoridades: hasta qué punto una política basada en el bloqueo de dominios puede contener de manera sostenida el acceso a plataformas que tienen la capacidad de cambiar rápidamente de dirección y operar desde infraestructura ubicada fuera de Chile.
Por ahora, la respuesta institucional pasa por ampliar y actualizar las listas de dominios bloqueados. La respuesta tecnológica de las plataformas, en cambio, parece seguir otra lógica: cuando una puerta se cierra, buscar otra dirección para entrar.
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