Quince creadoras textiles de Loncoche, Pucón y Villarrica participan en la tercera edición de “Vamos Brotando”, programa que combina formación en gestión cultural, herramientas digitales y técnicas textiles. La iniciativa busca enfrentar algunas de las brechas que aún condicionan la visibilización y comercialización de la artesanía regional.
La artesanía tiene en La Araucanía una presencia que excede ampliamente el ámbito de la tradición cultural. La región concentra el 20,2% de las personas registradas en artesanía en Chile, de acuerdo con antecedentes citados en la Política Nacional de Artesanía 2025-2030 del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, posicionándose como el territorio con mayor presencia registrada del sector a nivel nacional.
En ese escenario se desarrolla la tercera edición de “Vamos Brotando”, programa formativo que durante 2026 reúne a 15 mujeres artesanas textiles de Loncoche, Pucón y Villarrica, con una propuesta que busca complementar el conocimiento del oficio con herramientas que permitan fortalecer la gestión, difusión y proyección de sus trabajos.
La iniciativa, financiada por Fondart Regional, Convocatoria 2026, comenzó en julio y durante sus primeros módulos abordó materias que habitualmente quedan fuera del aprendizaje estrictamente técnico de la artesanía: formulación de proyectos, gestión cultural, fotografía, construcción de un dossier de artista, comunicación y uso de redes sociales.
Desde 2024, más de 80 creadoras de Temuco, Padre Las Casas, Freire, Lago Ranco, Loncoche, Pucón y Villarrica han participado en las distintas versiones del programa.
Del oficio a la gestión.
El desafío que aborda “Vamos Brotando” no es menor. La calidad de una pieza artesanal no necesariamente garantiza que su creadora pueda acceder a mercados, fondos de financiamiento o circuitos de difusión.
La propia Política Nacional de Artesanía 2025-2030 identifica dificultades relacionadas con la incorporación del sector a plataformas de comercio electrónico y con el acceso y manejo de herramientas digitales, brechas que pueden limitar las posibilidades de comercialización y visibilización de los trabajos.
De ahí que la primera etapa del programa haya puesto el foco precisamente en aquellas capacidades que permiten transformar una práctica artesanal en un proyecto con mayores posibilidades de desarrollo.
El primer módulo estuvo dedicado a la gestión cultural y formulación de proyectos, abordando aspectos como diseño de iniciativas, fuentes de financiamiento, postulaciones, elaboración de presupuestos y rendición de recursos.
El segundo trasladó la atención hacia la comunicación. El artista mapuche williche Antü Antillanca trabajó junto a las participantes en la construcción de un dossier de artista con pertinencia territorial y en las posibilidades de utilizar recursos visuales para contar la historia detrás de una creación.
La fotografía también ocupó un espacio central. La fotógrafa Marioly Torres orientó una jornada sobre registro de obras textiles, poniendo énfasis no solo en la calidad técnica de una imagen, sino en su capacidad para comunicar la materialidad, el proceso y la historia de cada pieza.
“La fotografía no solo permite mostrar una pieza terminada; también comunica tiempo, dedicación, materialidad, técnica y la historia que existe detrás de cada creación”, explicó Torres.
El objetivo, agregó, es que las artesanas puedan adquirir autonomía para registrar y difundir sus propias obras, utilizando incluso herramientas disponibles en sus teléfonos celulares.
Mujeres que sostienen oficio, territorio y comunidad.
La dimensión de género también atraviesa el programa. Según el Registro Nacional de Artesanía Chile Artesanía, 3.908 de las 5.880 personas inscritas son mujeres, lo que evidencia el peso femenino dentro del sector registrado.
“Vamos Brotando” trabaja precisamente con creadoras que, además de desarrollar sus oficios, desempeñan otros roles dentro de sus comunidades.
Natalia Meza, periodista, gestora cultural y tallerista del módulo sobre redes sociales, plantea que reducir las brechas tecnológicas puede contribuir a ampliar las posibilidades de participación y difusión de las artesanas.
“Iniciativas dirigidas específicamente a mujeres artesanas rurales y urbanas buscan reducir las brechas de acceso a herramientas tecnológicas en favor de la difusión de sus iniciativas artísticas”, sostuvo.
La apuesta, en ese sentido, no pasa únicamente por enseñar a utilizar una plataforma digital. Se trata de entregar herramientas que permitan a las creadoras contar su propia historia, mostrar el valor de sus piezas y relacionarse directamente con potenciales públicos y mercados.
El textil como memoria.
La tercera etapa del programa cambió el foco desde la gestión hacia la dimensión cultural y simbólica del oficio.
Dos charlas magistrales abordaron la relación entre textil, memoria y territorio. Irma Viveros González, artesana textil y arpillerista, profundizó en la arpillera, sus materialidades y su vínculo con la memoria social.
Viviana Rantul Bahamonde, artesana textil mapuche huilliche de Purranque, compartió posteriormente su trayectoria y experiencia con el territorio, el tapiz y distintas materialidades. Durante la jornada presentó también parte de su proceso creativo, incluida la obra Danza de la ñocha en lino, reconocida en 2023 con el Sello de Excelencia a la Artesanía de Chile.
Para las participantes, la formación también ha significado ordenar procesos que ya estaban en desarrollo.
Georgina Elgueta Huinao, artesana y artista textil mapuche de Loncoche, quien lidera la iniciativa Geo Witral, destacó el impacto que ha tenido el programa en su propio trabajo.
“Ordené el material audiovisual que ya tenía para enseñar e hice mi dossier formativo, el cual estoy entregando en mi comuna”, relató.
Según Elgueta, el formato virtual permitió además superar barreras asociadas a la distancia y la participación: “Mi trabajo creció y se encaminó”.
De la pantalla al trabajo con las manos.
Tras la primera etapa de formación, el programa entró ahora en una fase presencial en Villarrica.
El ciclo comenzó el 26 de septiembre con un taller de arpilleras a cargo de Irma Viveros González y continuará con dos jornadas: Lanigrafía, junto al Colectivo Lanigrafía Miramar, el 3 de octubre, y Exploraciones volumétricas en tapicería, impartido por Daniela Contreras, el 10 de octubre.
Las actividades se desarrollan en dependencias de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Campus Villarrica, institución que colabora en esta etapa del proyecto.
La transición desde la formación virtual hacia el aprendizaje presencial marca, de alguna manera, la lógica completa de “Vamos Brotando”: entregar herramientas para gestionar y comunicar el oficio, pero también volver al lugar donde todo comienza, el conocimiento material, la experimentación y el trabajo directo con las fibras y los textiles.
En una región donde la artesanía representa una parte significativa del patrimonio cultural y donde las mujeres tienen un peso mayoritario entre quienes aparecen registradas en el sector, iniciativas como esta plantean un desafío que va más allá de preservar técnicas.
La pregunta de fondo es cómo conseguir que ese patrimonio pueda también generar oportunidades de desarrollo para quienes lo mantienen vivo, fortaleciendo sus capacidades para crear, gestionar, comunicar y proyectar sus oficios desde los propios territorios.
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