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El exgeneral director de Carabineros, Ricardo Yáñez, manifestó su indignación por el asesinato del cabo segundo Cristopher Aguilera, ocurrido durante un procedimiento policial en Lo Espejo. Acusó falta de voluntad política, cuestionó la pertinencia de algunas decisiones legislativas y exigió un esfuerzo mayor del Estado para enfrentar la violencia contra los funcionarios policiales. Sus declaraciones reabren el debate sobre la seguridad pública, la protección de Carabineros y la responsabilidad de las autoridades frente a una crisis que continúa generando preocupación ciudadana.

El asesinato del cabo segundo de Carabineros Cristopher Aguilera, quien recibió un disparo en la cabeza durante un procedimiento policial en la comuna de Lo Espejo, Región Metropolitana, volvió a poner en evidencia la gravedad de la violencia que enfrentan los funcionarios encargados de resguardar el orden público.

Pese a los esfuerzos médicos por salvarle la vida, el joven funcionario falleció a consecuencia de la gravedad de sus lesiones, provocando consternación en las filas de Carabineros y renovando las interrogantes sobre las condiciones de seguridad en que desempeñan sus funciones.

Ante este nuevo hecho de violencia, el exgeneral director de Carabineros, Ricardo Yáñez, expresó su indignación y formuló severos cuestionamientos a la conducción política de la seguridad pública, advirtiendo que los reiterados asesinatos de policías obligan a revisar las medidas adoptadas por el Estado y la efectividad de las políticas implementadas.

En una entrevista concedida al programa Desde la Redacción, de La Tercera, Yáñez llamó a las autoridades a realizar un «esfuerzo aún mayor» y a cumplir los compromisos asumidos con la institución policial, enfatizando que la seguridad no puede convertirse en una materia subordinada a las diferencias partidistas.

«Es una responsabilidad de Estado, en conjunto. Aquí no se puede marginar absolutamente a nadie. Tienen que estar todos sentados en la mesa», sostuvo el exgeneral, planteando la necesidad de una respuesta transversal frente a la violencia y la delincuencia.

La crítica de Yáñez: una clase política alejada de la realidad.

Uno de los aspectos más contundentes de sus declaraciones apuntó a la distancia que, a su juicio, existe entre las decisiones adoptadas por las autoridades y las condiciones reales que enfrentan los funcionarios policiales en las calles.

Yáñez cuestionó la capacidad de la clase política para comprender la magnitud de los problemas de seguridad y advirtió sobre la necesidad de que las decisiones legislativas respondan a las exigencias concretas de la ciudadanía y de las instituciones encargadas de combatir la delincuencia.

«Yo creo que hoy eso le falta a la clase política: entender los problemas reales. Falta una sintonía de la realidad con lo que realmente se está legislando», afirmó.

Sus palabras apuntan a una discusión que trasciende el caso particular del cabo Aguilera: la relación entre la legislación, las atribuciones policiales, la protección de los funcionarios y la capacidad efectiva del Estado para enfrentar a organizaciones criminales y hechos de violencia armada.

La preocupación adquiere especial relevancia ante la reiteración de ataques contra funcionarios policiales, episodios que reabren el debate sobre los protocolos de actuación, los recursos institucionales y las garantías necesarias para el cumplimiento de sus funciones.

«Siguen matando policías»: una advertencia que exige respuestas.

El exgeneral manifestó su pesar y frustración ante la persistencia de los homicidios de funcionarios policiales y de civiles, cuestionando que, pese a los compromisos y anuncios realizados tras episodios anteriores, continúen registrándose hechos de esta naturaleza.

«Luego de transcurrido tanto tiempo, siguen matando policías, siguen matando carabineros, sigue muriendo gente civil. Eso yo creo que debe llamar a una reflexión profunda de qué cosas se están haciendo bien y cuáles no», señaló.

La declaración constituye un llamado a evaluar las políticas de seguridad desde sus resultados concretos, más allá de los anuncios institucionales o las controversias políticas que habitualmente acompañan la discusión legislativa.

En esa misma línea, Yáñez criticó lo que calificó como «mezquindad» de determinadas autoridades y parlamentarios, a quienes reprochó no dimensionar adecuadamente la gravedad de la situación.

«Da pena, da rabia la mezquindad de algunos, de algunas autoridades políticas, de algunos parlamentarios también, de no entender esta dimensión de la crisis que estamos viviendo», expresó.

Sus declaraciones reflejan el malestar que genera la reiteración de hechos violentos contra Carabineros y ponen nuevamente sobre la mesa la discusión acerca de la responsabilidad compartida entre el Gobierno, el Congreso y las instituciones de seguridad pública.

Ley Naín-Retamal: el debate sobre las herramientas policiales.

Otro de los puntos centrales de la intervención del exgeneral fue su cuestionamiento a las posturas políticas contrarias a la legislación que entrega herramientas y establece disposiciones relacionadas con la actuación policial, particularmente la Ley Naín-Retamal.

Yáñez manifestó su desacuerdo con las posiciones del Partido Comunista y del Frente Amplio respecto de la eliminación de dicha normativa, planteando una interrogante directa sobre las prioridades de quienes promueven esa postura.

«Cuando uno escucha que el Partido Comunista con el Frente Amplio están a favor de eliminar la Ley Naín-Retamal, bueno, yo me pregunto: ¿De qué lado están?», cuestionó.

La controversia en torno a esta legislación forma parte de un debate más amplio sobre el uso de la fuerza, las garantías para los funcionarios policiales, la rendición de cuentas y la protección de los derechos fundamentales. En ese contexto, las diferencias entre los sectores políticos evidencian la complejidad de alcanzar consensos duraderos en materia de seguridad.

El planteamiento de Yáñez vuelve a poner de relieve la demanda de mayores herramientas para Carabineros, mientras que el debate legislativo también exige examinar los mecanismos de control, la proporcionalidad en el uso de la fuerza y las garantías jurídicas correspondientes.

Seguridad ciudadana: entre los compromisos políticos y las demandas de la población.

En la parte final de su intervención, el exgeneral insistió en que las demandas ciudadanas de seguridad, tranquilidad y paz deben ocupar un lugar prioritario en las decisiones de las autoridades.

«Lo que la gente hoy en día pide es más seguridad, más paz y más tranquilidad. Y para eso se requieren herramientas», concluyó.

El asesinato del cabo segundo Cristopher Aguilera vuelve a instalar una interrogante fundamental para las instituciones del Estado: ¿qué medidas concretas se están adoptando para proteger a quienes diariamente enfrentan situaciones de riesgo en el cumplimiento de sus funciones?

Más allá de las diferencias partidistas y de las legítimas discrepancias sobre el alcance de las facultades policiales, la muerte de un funcionario en acto de servicio plantea la necesidad de examinar la eficacia de las políticas de prevención, persecución penal y protección institucional.

Las declaraciones de Ricardo Yáñez reabren así una discusión que exige respuestas sustentadas en evidencia, evaluación de resultados y acuerdos institucionales. La seguridad pública no se agota en declaraciones de condena ni en controversias parlamentarias: requiere políticas sostenidas, coordinación entre los poderes del Estado, recursos adecuados y mecanismos eficaces de protección ciudadana.

La muerte de un carabinero no debería convertirse en otro episodio que, tras la conmoción inicial y los discursos de rigor, termine diluyéndose en la contingencia política. El desafío para las autoridades es transformar el impacto de estos hechos en medidas verificables que permitan proteger la vida de los funcionarios policiales y de la ciudadanía, sin descuidar el respeto al Estado de derecho y las garantías fundamentales.

&-Fcc

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