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Las lluvias y el viento coinciden con la floración de los cerezos, aumentando el riesgo de enfermedades y afectando potencialmente la cuaja de la fruta. En Quillón, productores anticipan un escenario complejo y uno de ellos estima que la producción podría caer hasta un 50%, aunque Agricultura advierte que todavía es prematuro cuantificar el impacto.

Las lluvias que afectan a la región de Ñuble mantienen en alerta a los productores de cerezas, especialmente porque las precipitaciones coinciden con una etapa clave para el desarrollo de los cultivos: la floración.

El escenario genera preocupación en el sector debido a que las lluvias y los fuertes vientos pueden afectar las flores y, posteriormente, reducir la cuaja de la fruta, proceso determinante para la formación de los frutos.

A esto se suma el riesgo de enfermedades asociadas a la humedad, entre ellas el tizón de las flores y la pudrición parda, además de un eventual aumento de enfermedades bacterianas.

Por ahora, sin embargo, no existe una estimación oficial sobre la magnitud de las eventuales pérdidas.

El seremi de Agricultura de Ñuble, Juan Luis Enríquez, explicó que las condiciones meteorológicas pueden afectar directamente el proceso de floración.

“Además, por el efecto de las aguas lluvias pueden aparecer diversos microorganismos y hongos que pueden afectar a las flores”, señaló.

Productores anticipan un escenario complejo.

En Quillón, una de las comunas donde se concentra una parte importante del cultivo de cerezos en Ñuble, los agricultores siguen con atención la evolución del sistema frontal.

El productor Luis Rivera describió el momento como especialmente delicado.

“Yo creo que va a ser un año súper difícil. Estamos en plena floración. Después se nos anuncia que pueden venir otras lluvias. Es un escenario complejo, partiendo de lo que es la cereza. No habiendo floración, no hay fruta”, sostuvo.

La preocupación radica en que cualquier afectación significativa de las flores durante esta etapa puede terminar repercutiendo en la cantidad de fruta disponible al momento de la cosecha.

El también productor Patricio Sandoval comparte la inquietud frente a la evolución del tiempo y sus posibles efectos sobre los cultivos.

Un productor estima una caída de hasta 50%.

Más categórico fue Daniel Monsalves, concejal de Quillón y exportador de cerezas, quien entregó una estimación personal sobre el posible impacto de las lluvias.

“Yo creo que al 50% vamos a disminuir con estas lluvias y depende también de que no siga el clima así más adelante, porque las podemos perder todas también”, afirmó.

Monsalves también advirtió sobre los efectos que las precipitaciones pueden generar cuando los frutos ya se encuentran en proceso de maduración.

“Cuando las cerezas entran en un proceso de maduración, la lluvia les hace mucho daño. O sea, si viene una lluvia de unos 20 o 30 mm, se pierden todas”, sostuvo.

La cifra de 50%, sin embargo, corresponde a una estimación planteada por el propio productor y no a una proyección oficial de pérdidas para Ñuble.

La magnitud real del eventual daño dependerá, entre otros factores, de la duración e intensidad de las precipitaciones y de las condiciones meteorológicas que se registren durante las siguientes etapas del desarrollo de la fruta.

Agricultura evita anticipar las pérdidas.

Desde la Seremi de Agricultura llaman a esperar la evolución del sistema frontal antes de realizar proyecciones sobre la producción.

El seremi Juan Luis Enríquez explicó que todavía existen demasiadas variables abiertas para establecer cuánto podría verse afectada la cosecha.

“Es un poco apresurado decir en cuánto va a ser afectada la producción, porque tenemos que ver cómo va a ser el evento climático, si es que va a haber viento o no va a haber viento, si la precipitación va a ser concentrada o va a ser a lo largo de dos o tres días”, señaló.

La precisión es relevante porque no solo importa la cantidad total de lluvia caída.

La intensidad de las precipitaciones, la presencia de viento, su duración y el momento específico en que ocurran pueden generar efectos diferentes sobre las flores y posteriormente sobre los frutos.

Por ello, la autoridad agrícola mantiene el monitoreo de los cultivos mientras continúa el episodio meteorológico.

Las principales comunas productoras.

En Ñuble, las mayores superficies destinadas al cultivo de cerezos se concentran en Quillón, Coihueco, Bulnes y Chillán.

La evolución del sistema frontal mantiene atentos a los productores de estas comunas, especialmente por encontrarse los cultivos en una etapa sensible.

A este factor climático se suma un segundo elemento de preocupación para el sector: el comportamiento de los precios de las cerezas.

El seremi de Agricultura recordó que los productores ya venían enfrentando dificultades debido a los bajos precios registrados por la fruta.

Una eventual reducción de la oferta podría generar un efecto sobre los valores de comercialización, aunque eso tampoco permite anticipar cuál será el resultado económico final para los agricultores.

“Hay que considerar que, al disminuir la producción, los precios deberían aumentar”, señaló Enríquez.

Sin embargo, el propio secretario regional ministerial insistió en que todavía es temprano para cuantificar el impacto productivo.

Entre la lluvia y una temporada decisiva.

Los productores enfrentan así un escenario marcado por dos riesgos.

El primero es el eventual daño a las flores durante las actuales precipitaciones, que podría traducirse posteriormente en una menor cantidad de fruta.

El segundo aparece si nuevas lluvias coinciden con la etapa de maduración, cuando el agua puede afectar directamente a los frutos.

Para un sector que además viene enfrentando dificultades vinculadas a los precios, una eventual disminución de la producción podría tener consecuencias económicas relevantes.

Pero, por ahora, las cifras deben manejarse con cautela.

El 50% es una estimación realizada por un productor de Quillón, no una cifra oficial de pérdidas para la región. Agricultura, en tanto, mantiene el monitoreo y advierte que será necesario conocer cómo evoluciona el sistema frontal para establecer el daño efectivo sobre los cultivos.

La floración continúa y, con ella, la incertidumbre de los productores: los próximos episodios de lluvia y viento serán determinantes para saber cuánto terminará afectando el clima a la próxima cosecha de cerezas de Ñuble.

&Fcc

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