Sergio Merino había recomendado previamente aprobar el proyecto con observaciones y restricciones. Sin embargo, en la votación realizada hoy se convirtió en uno de los dos votos en contra del polémico relleno sanitario proyectado en Lautaro, decisión que generó sorpresa al interior del gabinete regional.
Un inesperado cambio de posición marcó la votación del polémico proyecto Pintamahuida, en Lautaro. El seremi de Vivienda y Urbanismo, Sergio Merino, terminó votando en contra de una iniciativa que previamente había recomendado aprobar, aunque con observaciones y restricciones.
Su decisión se convirtió en uno de los hechos políticos más llamativos de la jornada, particularmente porque el titular de Vivienda había manifestado anteriormente una posición favorable al proyecto, condicionada al cumplimiento de determinadas exigencias.
Esta vez, sin embargo, su voto fue categórico: rechazo.
Con ello, Merino se sumó al seremi de Salud, José Bravo, quien ya había manifestado su oposición al proyecto y mantuvo su posición durante la votación.
El giro que sorprendió al gabinete.
El cambio de postura del seremi de Vivienda no pasó inadvertido. De acuerdo con los antecedentes conocidos, Merino había recomendado anteriormente la aprobación del proyecto bajo determinadas condiciones.
Sin embargo, al momento de la votación modificó su posición y se convirtió en uno de los dos integrantes del organismo que votaron en contra.
La pregunta que queda instalada es evidente: ¿Qué antecedentes o consideraciones llevaron al seremi a modificar su recomendación inicial?
La respuesta resulta especialmente relevante tratándose de una autoridad sectorial que previamente había evaluado favorablemente la iniciativa, aunque estableciendo restricciones.
El cambio, además, adquiere mayor relevancia debido a la fuerte oposición que el proyecto ha generado entre habitantes del sector.
El eterno problema de la basura.
Más allá de la controversia puntual por Pintamahuida, el proyecto vuelve a poner sobre la mesa uno de los problemas ambientales más complejos que enfrenta Temuco y La Araucanía: qué hacer con las toneladas de residuos domiciliarios que diariamente producen las ciudades.
Existe una alternativa que ha ganado espacio en distintas partes del mundo y que sus defensores consideran mucho más sustentable: Basura Cero, modelo que busca reducir al mínimo la generación de residuos, fomentar el reciclaje, la reutilización y el compostaje, disminuyendo progresivamente la cantidad de basura que termina en disposición final.
Sus detractores, en cambio, suelen considerarlo poco realista para resolver las necesidades inmediatas de grandes volúmenes de residuos.
Pero existen experiencias que cuestionan esa conclusión.
La comuna de La Pintana, en la Región Metropolitana, ha desarrollado durante décadas políticas de separación y aprovechamiento de residuos. En La Araucanía, Melipeuco también ha avanzado en estrategias destinadas a disminuir la cantidad de basura que debe ser trasladada fuera de la comuna, con beneficios económicos y ambientales.
El debate, por tanto, no debería limitarse exclusivamente a decidir dónde instalar un relleno sanitario, sino también a discutir cuánto residuo se genera, cuánto se recupera y cuánto termina finalmente enterrado.
De WTE a los rellenos sanitarios.
La discusión tampoco es nueva en la región.
Durante años se promovió el proyecto WTE Araucanía, iniciativa que buscaba abordar los residuos mediante valorización energética. El proyecto enfrentó una fuerte oposición ciudadana y cuestionamientos relacionados con sus eventuales impactos ambientales y sanitarios.
Frente a ello, el relleno sanitario aparece para algunos como una alternativa menos compleja y de menor impacto que otras tecnologías de tratamiento.
Pero existe un problema que se repite prácticamente en todos estos proyectos: nadie quiere tener un relleno sanitario cerca de su casa.
El rechazo de las comunidades suele estar relacionado con olores, tránsito de camiones, posibles efectos sobre aguas y suelos, afectación del entorno y la percepción de que determinados territorios terminan soportando los costos ambientales de una necesidad que beneficia a toda una ciudad o una región.
Pintamahuida no ha sido la excepción.
Una votación que deja preguntas.
La aprobación o rechazo de un proyecto de estas características no puede reducirse únicamente a una disputa política. Hay cuestiones ambientales, sanitarias, territoriales y económicas que deben ser evaluadas con rigurosidad.
Precisamente por eso adquiere particular importancia el cambio de posición del seremi de Vivienda.
Si anteriormente recomendó aprobar el proyecto con restricciones y posteriormente decidió rechazarlo, resulta razonable que la ciudadanía conozca cuáles fueron los nuevos antecedentes que motivaron ese cambio.
Mientras el problema de la disposición de residuos continúa sin una solución definitiva para Temuco y buena parte de La Araucanía, la controversia por Pintamahuida vuelve a evidenciar una dificultad mayor: la región debe decidir no sólo dónde depositar su basura, sino también qué modelo de gestión de residuos quiere para las próximas décadas.
Y en ese debate, el giro del seremi Sergio Merino agrega un nuevo capítulo a una discusión que está lejos de terminar.
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