Los agricultores deben evaluar sus terrenos tras las inundaciones, evitando el ingreso de animales y maquinaria en campos que están aún saturados.
El anegamiento prolongado de las praderas puede provocar pérdida de nutrientes, falta de oxígeno para las raíces, disminución de la actividad de microorganismos beneficiosos y acumulación de sedimentos. A esto se suma el riesgo de compactación cuando se ingresa con animales o maquinaria a terrenos que aún están saturados.
“Como Ministerio de Agricultura hacemos un llamado a los agricultores a evaluar cuidadosamente sus praderas tras las inundaciones, evitando el ingreso de animales y maquinaria en suelos saturados. Es importante utilizar potreros de sacrificio y planificar la recuperación, fertilización y resiembra cuando las condiciones lo permitan. Para mayor información y asesoría técnica, invitamos a contactar a los equipos de los servicio del agro: INDAP, DAG, e INIA presentes en la región”, explicó la seremi de Agricultura, María Teresa Fernández.
Los especialistas de INIA, Paulina Etcheverría y Gabriela Chahín, recomiendan esperar entre dos y tres semanas después del retiro del agua, antes de realizar una evaluación definitiva, permitiendo observar el rebrote, la densidad de la vegetación y las condiciones de las raíces. También es necesario revisar el suelo y los posibles sedimentos acumulados.
Recuperación.
Además, destacan que una inundación no necesariamente significa perder toda la pradera. Dependiendo del nivel de daño, algunos sectores pueden recuperarse mediante reposo, control de malezas y fertilización de mantención; otros podrían requerir intersiembra o siembra directa, mientras que las áreas con deterioro severo podrían necesitar una renovación completa.
“Mientras las praderas se recuperan, se recomienda evitar el pastoreo en terrenos anegados y utilizar potreros de sacrificio para proteger las superficies dañadas. Como alternativas forrajeras se plantea, entre otras opciones, el establecimiento de avena, ballica bianual con trébol rosado y cultivos suplementarios como nabo o raps forrajero”, comenta Paulina Etcheverría.
Otro aspecto clave será recuperar la fertilidad del suelo. Una vez que este haya drenado y recuperado condiciones adecuadas de aireación, se recomienda realizar análisis de suelo para definir las medidas de corrección y fertilización necesarias.
“La recuperación debe realizarse de manera gradual y considerando las condiciones particulares de cada potrero. Proteger, monitorear, diagnosticar, manejar y verificar son las cinco acciones planteadas para recuperar las praderas y evitar que las decisiones posteriores a la inundación profundicen el deterioro del suelo”, puntualiza Gabriela Chahín.
Para ampliar información descargarse recomendaciones de INIA:
https://biblioteca.inia.cl/server/api/core/bitstreams/02f928b6-c7b8-4988-860b-adb642389957/content

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