Entonces Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. (Juan 11, 25-26)
Comunicamos el sensible fallecimiento del Padre Jaime Villalobos Farrán, que partió a las 15 hrs. de este jueves 27 de Agosto a la Casa de nuestro Señor.
Que nuestro Padre Celestial lo acoja en su Santo Reino, y encomendamos su eterno descanso, como comunidad diocesana nos unimos en oración por su eterno descanso.
Padre Jaime Villalobos Farrán: una vida al servicio de Dios y de los demás “Servir sin esperar recompensa” fue una de las convicciones que acompañaron la vida del padre Jaime Villalobos Farrán y que reflejaron, con particular claridad, su manera de comprender el sacerdocio, la fe y el servicio a los demás. Nacido el 19 de noviembre de 1949, fue el segundo de siete hermanos, hijo de José Desiderio Villalobos y Bahige Farrán, en el seno de una familia ligada a la agricultura y al comercio. Su vida estuvo marcada desde sus primeros años por sus raíces chilenas y libanesas y, especialmente, por una temprana inquietud espiritual que con el paso del tiempo se transformaría en una profunda vocación sacerdotal. Desde pequeño manifestó un especial interés por la Iglesia. En su natal Huépil, en la región del Bio Bio, solía salir de su casa para dirigirse al templo, dando tempranas señales de un llamado que habría de acompañarlo durante toda su vida.
Diversas personas y experiencias contribuyeron a fortalecer aquella vocación: los relatos de su tía Estela Villalobos sobre la Historia Sagrada, el testimonio del sacerdote don Roberto Rebolledo, de Huépil, y el ejemplo de su primo Hernán Villalobos, quien se preparaba para el sacerdocio. Sus primeros estudios los realizó en el Liceo Alemán de Los Ángeles y posteriormente completó sus humanidades en el Liceo Enrique Molina de Concepción. Durante la década de 1970 llegó a Temuco para estudiar Laboratorio Químico en la Universidad de Chile, sede Temuco. Fue durante esa etapa universitaria cuando conoció el Movimiento de Schoenstatt y comenzó a profundizar en aquel llamado al sacerdocio que había experimentado desde su infancia. En ese proceso conoció al padre Marco Uribe, quien se convirtió en una figura fundamental en su discernimiento vocacional y lo acompañó hasta su ingreso, en 1975, al Seminario San José de La Mariquina.
Una vida consagrada al sacerdocio El 30 de agosto de 1980 fue ordenado sacerdote. Durante gran parte de su formación seminarística había ejercido como inspector del Seminario Menor, experiencia que contribuyó a consolidar su cercanía con los jóvenes y su vocación de servicio. Su primer destino pastoral fue la parroquia San Judas Tadeo de Ercilla. Allí tuvo la oportunidad de conocer de cerca la cultura y la realidad del pueblo mapuche. Su permanencia en ese lugar, sin embargo, se vio modificada por la enfermedad del párroco de Collipulli, situación que lo llevó a asumir también la atención pastoral de esa comunidad durante tres años. En 1983 fue nombrado párroco de San Luis Gonzaga de Collipulli.
Tres años más tarde viajó a España para realizar estudios de Derecho Canónico, regresando en 1988 para continuar su ministerio pastoral. Posteriormente, fue nombrado director del Instituto Teológico de la Pontificia Universidad Católica, sede Temuco, responsabilidad que ejerció hasta 1995. En 1990 había asumido además como párroco de San Miguel Arcángel de Nueva Imperial, y en 1995 fue destinado a la parroquia Santiago Apóstol de Temuco, siendo su primer párroco. El 3 de abril de 2009, monseñor Manuel Camilo Vial lo nombró párroco de El Sagrario. Más adelante ejerció como párroco de la parroquia Espíritu Santo y, posteriormente, monseñor Héctor Vargas Bastidas, lo destinó como párroco a la comunidad de San Juan Pablo de Pillanlelbún. A lo largo de su ministerio también prestó importantes servicios a la Iglesia diocesana. Acompañó al obispo Manuel Camilo Vial en el Consejo Económico y en el Consejo del 1%, y se desempeñó como asesor de las secretarías parroquiales. Asimismo, colaboró con el Tribunal Eclesiástico de Concepción, particularmente en el conocimiento de causas matrimoniales.
Un sacerdote cercano a la comunidad La trayectoria del padre Jaime Villalobos Farrán trascendió los límites de las parroquias en las que ejerció su ministerio. Su presencia se extendió a distintos ámbitos de la vida social y comunitaria de La Araucanía, donde fue reconocido por su sencillez, alegría, cercanía y permanente disposición a servir. Una de las expresiones más significativas de ese compromiso fue su vínculo con el Cuerpo de Bomberos. Durante años se desempeñó como capellán del Cuerpo de Bomberos de Temuco y fue reconocido como voluntario honorario. Su historia bomberil incluyó su paso por la Tercera Compañía, Bomba Germania de Temuco, y por la Primera Compañía de Collipulli, instituciones con las que mantuvo un estrecho vínculo de servicio y fraternidad.
Su vocación pastoral se caracterizó por una profunda cercanía con las personas, especialmente con quienes acudían a él en busca de orientación, consuelo o compañía. Para el padre Jaime, el sacerdocio no se reducía al ejercicio de una función, sino que constituía una forma de vida entregada a Dios y al prójimo. Un reconocimiento a su trayectoria En febrero de 2026, en el marco de la conmemoración del 145º aniversario de la ciudad de Temuco, el padre Jaime Villalobos Farrán fue reconocido oficialmente como Ciudadano Destacado de Temuco. La distinción reconoció una trayectoria pastoral y social desarrollada durante décadas, marcada por su cercanía con la comunidad, su permanente disposición al servicio y el acompañamiento que brindó a numerosas generaciones de temuquenses. El reconocimiento puso también de relieve la dimensión humana de su labor, que trascendió el ámbito estrictamente espiritual y lo convirtió en una figura profundamente vinculada con la vida de la ciudad y de la región.
El servicio como camino de vida A lo largo de su ministerio, el padre Jaime Villalobos Farrán procuró vivir de acuerdo con una convicción que había expresado en numerosas ocasiones: había venido a servir y no a ser servido. Esa certeza orientó su vida sacerdotal y su relación con las comunidades que acompañó. En su actuar cotidiano se manifestó en la sencillez de su trato, en su capacidad de escuchar, en la alegría con que acogía a quienes se acercaban a él y en su disposición permanente a colaborar allí donde fuera necesario. De manera constante, además, pidió oraciones por las vocaciones sacerdotales y religiosas, consciente de la importancia de que nuevos hombres y mujeres respondieran al llamado de Dios y continuaran la misión de servicio a la Iglesia y a sus comunidades. La vida del padre Jaime Villalobos Farrán quedó así estrechamente ligada a la historia de numerosas comunidades de La Araucanía.
Su ministerio fue una presencia sostenida durante décadas, marcada por la fe, el compromiso, la fraternidad y una profunda vocación de servicio. Al momento de su partida, queda el testimonio de una vida entregada a Dios y a los demás; una vida que encontró en el sacerdocio su camino y en el servicio su manera de comprender la existencia. “Servir sin esperar recompensa” no fue solamente una frase que el padre Jaime Villalobos Farrán repitió durante su vida. Fue, en definitiva, una síntesis de su vocación y del legado que dejó entre quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo y compartir parte de su camino.
Revisa aquí los horarios del velatorio, misas y funeral:

——-&——–
Para cualquier comunicación, entrega de antecedentes de forma privada o denuncia,
a través del teléfono +56 9 9841 47462, WhatsApp +56 9 6419 5500, o al correo contacto@noticiascomunitarias.cl
"Para pensar, comentar y compartir"
