El retiro del cuerpo del alumno de 34 años por parte de su familia coincide con el inicio de un sumario interno y una investigación penal de la Fiscalía. El accidente durante una actividad oficial de la universidad reabre la discusión sobre la seguridad en la instrucción académica de alto riesgo.
La entrega del cuerpo de Marcelo Nicolás Fuentealba Chávez (34) a su familia en el Servicio Médico Legal de Temuco marca el inicio del duelo, pero también el comienzo de la exigencia de respuestas. El fallecimiento del estudiante de segundo año de Técnico en Guía de Turismo Aventura de la sede Pucón de la Universidad de La Frontera (UFRO), tras el volcamiento de una balsa en el río Liucura, transformó una jornada de formación práctica en un caso bajo estricta investigación judicial.
Las claves de una tragedia bajo la lupa judicial e institucional.
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Fallas en una actividad de instrucción: Al tratarse de un taller académico destinado a formar futuros profesionales de la industria, el volcamiento de la balsa con seis alumnos plantea dudas inmediatas sobre la evaluación previa de las condiciones del río, las ratios de instructores por estudiante y la efectividad del plan de rescate, considerando que la víctima fue arrastrada a kilómetros del lugar.
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Fiscalía busca responsabilidades penales: La Fiscalía Regional de La Araucanía dispuso diligencias para establecer si existieron conductas negligentes por parte de los guías o docentes a cargo de la actividad, un paso clave que desplaza la investigación desde el ámbito puramente confidencial de la universidad hacia el fuero penal.
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El alcance del control interno: Frente a la conmoción provocada tanto en Pucón como en Chillán —de donde era originario el estudiante—, la UFRO anunció un sumario administrativo y una auditoría interna para revisar sus procedimientos. No obstante, el escrutinio público estará puesto en si estas herramientas generarán cambios estructurales o si se limitarán a un trámite burocrático.
El costo de la falla en la formación profesional.
El fatal accidente en el río Liucura golpea de lleno a una carrera cuyo valor central es, precisamente, la gestión de riesgos en entornos naturales. Mientras los peritajes avanzan para esclarecer la dinámica del siniestro, el caso obliga a la educación superior a fiscalizar de manera rigurosa sus salidas a terreno, asegurando que los estándares de protección aplicados a los estudiantes sean tan exigentes como los que se le exigen al mercado turístico formal.
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