El colapso de la Ruta R-86, que une Angol, Los Sauces y Traiguén, colmó la paciencia de los usuarios tras denuncias de «reparaciones» tercermundistas. El bacheo con barro expone el fracaso de los contratos de conservación vial de Obras Públicas en la zona.
La crisis de la infraestructura pública en la Región de La Araucanía sumó un capítulo que roza lo insólito y lo indignante. Habitantes y usuarios de la Ruta R-86, el eje vial estratégico que conecta a las comunas de Angol, Los Sauces y Traiguén, denunciaron que las graves grietas y baches que destruyen la carretera están siendo «reparados» rellenándolos simplemente con tierra. El hecho, que ya generó una ola de reclamos ciudadanos por daños estructurales en vehículos particulares y de transporte, escaló al ámbito político evidenciando los nulos estándares de fiscalización con los que operan los contratos del Estado en la zona.
La denuncia fue recogida por el diputado del Distrito 22, Eduardo Cretton, quien calificó la situación como una burla y una muestra explícita de la desidia gubernamental. «El deterioro de esta ruta viene de hace años y afecta directamente el diario transitar de cientos de personas. […] No podemos pretender que simplemente rellenando los hoyos con tierra se está dando una solución», fustigó el parlamentario, advirtiendo que esta precariedad no solo destruye neumáticos y amortiguadores, sino que se ha transformado en un factor directo de múltiples accidentes de tránsito en un tramo de alta velocidad.
El pozo negro de los contratos de conservación.
Para los expertos en conectividad rural, el problema de la Ruta R-86 no es una anomalía aislada, sino el síntoma de un modelo de gestión pública fallido. El Ministerio de Obras Públicas (MOP) y la Dirección de Vialidad suelen externalizar la mantención de estas rutas a través de las denominadas Globales de Conservación. Sin embargo, el nulo control en terreno por parte de los inspectores fiscales permite que empresas contratistas —o cuadrillas de emergencia mal financiadas— ejecuten parches cosméticos que duran lo que tarda en caer la primera lluvia sureña.
El uso de tierra para mitigar baches en el pavimento es, técnicamente, una negligencia. Con el flujo de camiones de alto tonelaje vinculados a la industria forestal y agrícola de la provincia de Malleco, la tierra compactada se transforma rápidamente en barro lodoso, inestabilizando la calzada y multiplicando el riesgo de despistes y colisiones frontales.
[El Ciclo del "Bacheo" con Tierra] 🛣️❌
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├─► Hoyo profundo en el pavimento (Ruta R-86).
├─► Cuadrilla rellena el bache con tierra/estabilizado suelto.
├─► Alto flujo de camiones pesados + Lluvia en Malleco.
└─► Resultado: El relleno se convierte en barro explosivo y el hoyo se agranda.
Malleco: El patio trasero de La Araucanía.
El trasfondo de esta crisis carretera reactiva un debate histórico en la región: el centralismo interno. Mientras las grandes inversiones en conectividad, autopistas de doble vía y nudos viales se concentran con fluidez en la provincia de Cautín —particularmente en los accesos a Temuco, Padre Las Casas y los circuitos lacustres—, Malleco sigue siendo tratada como el patio trasero de la región.
Frente al escándalo, Cretton anunció que oficiará formalmente al MOP y a Vialidad para exigir las bitácoras de intervención, las identidades de las firmas o cuadrillas responsables de estos remiendos y los plazos para una inversión asfáltica definitiva.
No obstante, los oficios parlamentarios suelen acumular polvo en los escritorios de Santiago. Mientras la burocracia estatal redacta respuestas formales, las familias y los trabajadores de Angol, Los Sauces y Traiguén deben seguir arriesgando la vida a diario en una ruta donde el Estado chileno, literalmente, pretende tapar el sol —y el asfalto roto— con un puñado de tierra.
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