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Durante 2025 se realizaron 563 trasplantes en el país, pero la cifra alcanzó para cubrir apenas al 25% de las personas que se encontraban en lista de espera. En el Biobío, los principales hospitales de la red registraron cifras relevantes. Sin embargo, el desafío nacional sigue estando en aumentar la disponibilidad de órganos y reducir una brecha que puede significar meses o años de espera para los pacientes.

Los trasplantes de órganos aumentan en Chile, pero el crecimiento todavía está lejos de responder a la demanda existente.

Durante 2025 se realizaron 563 trasplantes en el país, según datos publicados por el Ministerio de Salud en la plataforma Yo Dono Vida. La cifra representa un avance en la capacidad del sistema, pero permitió cubrir apenas al 25% de las personas que se encontraban en lista de espera.

El dato revela la dimensión de un problema que suele quedar oculto detrás de las cifras anuales de procedimientos: tres de cada cuatro personas que esperaban un órgano durante ese período no fueron cubiertas por los trasplantes realizados ese año.

Detrás de ese porcentaje existen pacientes para quienes un trasplante puede constituir la única alternativa terapéutica disponible, además de familias que deben enfrentar períodos prolongados de incertidumbre mientras esperan la aparición de un órgano compatible.

La situación vuelve a adquirir relevancia este 27 de septiembre, fecha en que se conmemora el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos.

El Biobío también aumenta su actividad.

En la Región del Biobío, la red hospitalaria registró durante 2025 cifras relevantes.

El Hospital Clínico Regional Dr. Guillermo Grant Benavente de Concepción realizó 82 trasplantes de distintos órganos, mientras que el Hospital Las Higueras de Talcahuano efectuó más de una veintena de trasplantes renales.

Los resultados muestran que existen equipos profesionales y capacidad hospitalaria para realizar procedimientos de alta complejidad. Pero también evidencian que el problema no termina en la capacidad de trasplantar.

El desafío comienza mucho antes: detectar oportunamente a potenciales donantes, coordinar a los equipos hospitalarios, realizar el procuramiento y conseguir que los órganos puedan ser utilizados en pacientes compatibles.

Para Erik Álvarez, académico del Departamento de Ciencias de la Enfermería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), precisamente allí se encuentra parte de la tarea pendiente.

“Existe un desafío en Chile, que es fortalecer la detección de posibles donantes, la coordinación hospitalaria y el acceso a información confiable”, sostiene.

El especialista plantea además la necesidad de otorgar mayor visibilidad a la donación de tejidos, entre ellos córneas y piel, que pueden generar mejoras significativas en la calidad de vida de quienes los reciben.

Más allá del número de donantes.

La discusión sobre trasplantes suele concentrarse en la disposición de las personas a donar sus órganos. Sin embargo, el problema es más amplio.

Una mayor disposición a donar no necesariamente se traduce automáticamente en más trasplantes. Para que un órgano pueda llegar efectivamente a un paciente se requiere una cadena de procedimientos médicos y administrativos que comienza con la detección de un potencial donante y continúa con la evaluación clínica, la coordinación hospitalaria, el procuramiento y la asignación.

Cada etapa puede ser determinante.

Por eso, uno de los desafíos planteados por los especialistas es fortalecer la capacidad del sistema para detectar oportunamente a potenciales donantes y coordinar de manera eficiente los equipos involucrados.

Los mitos que todavía persisten.

A esa dificultad estructural se suma otro problema: la existencia de mitos que generan dudas en parte de la población.

Uno de los más frecuentes es la creencia de que un paciente podría recibir una atención médica menos diligente si existe la posibilidad de utilizar sus órganos para un trasplante.

El procedimiento contempla, sin embargo, una separación entre la atención destinada a intentar salvar la vida del paciente y los equipos responsables de certificar el fallecimiento y desarrollar posteriormente el proceso de donación.

También persisten dudas respecto de la muerte encefálica. Esta condición es irreversible y, una vez confirmada de acuerdo con los protocolos médicos establecidos, implica el fallecimiento de la persona.

Solo después de esa certificación se puede evaluar la posibilidad de una donación de órganos, conforme a las condiciones clínicas y legales correspondientes.

Otro cuestionamiento habitual tiene relación con la asignación de órganos y la posibilidad de que una persona con mayores recursos económicos tenga ventajas sobre otra.

La asignación se realiza mediante criterios clínicos y de compatibilidad establecidos para cada órgano y no según la capacidad económica de los pacientes.

Para Álvarez, mantener una conversación permanente sobre el tema es fundamental.

“Para aclarar estos temores necesitamos permanentemente mantener campañas de difusión sobre este tema y ayudar a que sea una conversación presente dentro de las familias”, señala.

Una decisión que suele llegar en el peor momento.

La donación de órganos es una conversación que muchas familias terminan enfrentando en circunstancias particularmente difíciles: la muerte de un ser querido.

Por eso, hablar previamente sobre la voluntad de donar puede evitar que esa decisión deba abordarse por primera vez en medio de una emergencia.

Los profesionales de la salud tienen además un papel relevante en todo el proceso, desde la detección de potenciales donantes hasta la coordinación del procuramiento y el acompañamiento de las familias.

El sistema requiere, por tanto, no solo donantes, sino también profesionales especializados, coordinación hospitalaria, infraestructura, protocolos y capacidad de respuesta.

La UCSC ha desarrollado durante los últimos años actividades de sensibilización sobre la donación de órganos y tejidos, incluyendo iniciativas dirigidas a niños y niñas a través del cuento “Dono y Vita”.

El objetivo es instalar la conversación antes de que una familia deba enfrentarse a una decisión en circunstancias traumáticas.

La brecha que permanece.

Los 563 trasplantes realizados durante 2025 muestran que Chile tiene capacidad para desarrollar procedimientos complejos y que la red hospitalaria puede alcanzar cifras relevantes.

Pero la otra cifra resulta imposible de ignorar: solo el 25% de quienes estaban en lista de espera fueron cubiertos por los trasplantes realizados durante ese período.

Ahí se encuentra la verdadera dimensión del problema.

La discusión no debiera limitarse, entonces, a celebrar cada aumento anual de los trasplantes. También debe preguntarse qué está impidiendo que ese crecimiento alcance a una proporción mucho mayor de quienes esperan.

¿Cuántos potenciales donantes no llegan a ser detectados? ¿Dónde se producen las principales dificultades de coordinación? ¿Qué capacidad tiene la red para aumentar el procuramiento? ¿Cuánto tiempo deben esperar los pacientes y qué ocurre con quienes nunca alcanzan a recibir un órgano?

Son preguntas que exceden una campaña de sensibilización y apuntan directamente al funcionamiento del sistema.

Porque detrás del 25% no hay solamente una estadística. Hay personas que siguen esperando. Y mientras los trasplantes aumentan, la distancia entre quienes necesitan un órgano y quienes efectivamente logran recibirlo continúa siendo el principal desafío de la política de donación y trasplantes en Chile.

&Fcc

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