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Por: Ricardo Barría Dillems – Ingeniero Comercial – Magíster en Comunicación. Editor de Araucania Diario, miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

La Política, con mayúsculas, es según Aristóteles, el arte de Gobernar lo público con virtud y en su obra da a entender que la política, es una forma de mantener a la sociedad “ordenada“ con normas y reglas, pero que es inseparable de la ética, ya que debe promover el desarrollo de la virtud en los ciudadanos.

Y aquí es importante separar la ética de la moral, ya que esta última indica de forma directa qué se debe hacer y qué está prohibido en la vida diaria de la sociedad, son las reglas, normas y leyes que se deben cumplir, por lo que podríamos decir, que es el mínimo al que debieran aspirar los gobernantes o desde donde partir. Es a buenas cuentas lo que la tía Dorothy fiscaliza, claro, menos a la Fiscalía o al Poder Judicial.

Mientras tanto, la ética surge del análisis crítico, el pensamiento y la reflexión individual, para comprender los principios generales y universales del comportamiento correcto. Es así, el máximo al que debiera apuntar el que administra lo público.

Para Aristóteles, una sociedad justa y virtuosa es aquella en la que sus miembros pueden desarrollarse plenamente en un entorno donde se promueve el bien común y donde las leyes y las instituciones, están diseñadas para fomentar la ética y la justicia.

Dicho eso, ¿qué debiéramos esperar de nuestros gobernantes? ¿Que sean entretenidos, cálidos, amables o hasta divertidos y buenos «pal show»? ¿O que sean serios, parcos y hasta fomes?

El Gobierno de los fomes.

Hace unos días la exministra de Estado Mara Sedini, se refirió a su salida del Gobierno del Presidente José Antonio Kast, luego de un deficiente desempeño en su cargo. Y es que no hay quién la defienda, ni siquiera en su sector, la derecha, donde una gran mayoría llegó a la convicción de que lo estaba haciendo mal y se tenía que ir. Tal vez —incluso— duró mucho en el cargo.

Según reveló Mara Sedini, en una oportunidad se le acercó una autoridad de Gobierno y le habría explicado, que el Ejecutivo era “el gobierno de los fomes”. “Nos vestimos fomes, hablamos fomes, respondemos fomes”, a lo cual Sedini aseguró haber respondido: “Entonces, ¿por qué me llaman? ¿Qué estoy haciendo yo aquí? Esa no soy yo”.

La exministra vocera de Gobierno, es decir, después del Presidente la cara visible de su administración, fue elegida por su participación en la campaña de José Antonio Kast, pero también, digámoslo, por su apariencia física, eso por sobre su buena capacidad oratoria, que mostró por meses en el programa «Sin Filtros», defendiendo las ideas de la derecha más radical.

El problema, es que con ella se buscó igualar a la exministra Camila Vallejos, con una Vallejos, pero de derecha. Sin embargo, Sedini estaba lejos de poderla representar y hasta reemplazar, por atributos que no vamos a analizar, aunque no puedo dejar pasar un aspecto para que nos haga pensar: Su closet.

El closet de Vallejos.

Si algo destacó de la vocería de gobierno que asumió y desempeñó hasta el final Camila Vallejos, del Partido Comunista, además de su eficiente gestión como ministra —mintiendo dirán algunos—, fue su nutrido closet, que muchas veces —sin que fuera casual— dio que hablar a todos los medios de comunicación, como el colorido vestido que estrenó para las Fiestas Patrias de 2022.

O la portada que sacó en la Revista Velvet, que se lanzó en «La Dicha Restaurant», junto a Adolfo Domínguez, auspiciados por Viña Mar y el vino Castillo de Molina, de Viña San Pedro, además de un «toque dulce» de los chocolates Varsovienne, todo puesto en escena con la canción Pumped Up Kicks, de Foster The People (*). Les invito a que lo vean, para después poder contrastar.

Contrastar con la pobreza que se vivía en el país a esa fecha, contrastar con las promesas de campaña no cumplidas, pero defendidas férreamente por Vallejos, contrastar con la realidad de los chilenos, que no tenían trabajo, que pasaban hambre y cuyos hijos, lo único que comían era lo que les entregaba la Junaeb.

Podrá verse entretenido, pero esta no es la realidad o lo fue sólo para una pequeña «casta» —como diría Milei— de funcionarios públicos de izquierda que accedieron al poder.

Así, en primer lugar, era imposible reemplazar a Camila Vallejos, ya que su estilo, impronta y personalidad se vienen trabajando meticulosamente desde hace décadas, tanto por el Partido Comunista (PC) en sí, como por ella misma.

Sus atuendos, llamados siuticamente «outfits», sus lentes, que hacían juego con sus zapatos y carteras, sus coloridos vestidos, la manera en que hablaba, la forma en que enfrentaba las cámaras y cómo «dictaba» a los periodistas e incluso, los corregía, entre otros tantos aspectos, eran una puesta en escena imposible de imitar. Por eso, no había que hacerlo.

Mara hubiese sido una excelente ministra de la Mujer, de Bienes Nacionales, de Cultura e incluso del Deporte, pero no en la vocería de Gobierno, poniéndole el pecho a las balas. Siendo comparada cada día con la Vallejos que acababa de reemplazar.

Y en segundo lugar, si Mara Sedini lo aceptó, no podía salir a quejarse. Eso es traición. La política es así y se muere «calladito». Y lamentablemente para Mara, eso no se perdona, aunque se han visto muertos cargando fardos …

Seriedad.

Lo que esperaban los chilenos, luego de gobiernos de izquierda de abrazos, cumbias y buenos pie de cueca; de farra y dilapidar el dinero de todos los chilenos; de promesas falsas como que se bajaría el sueldo a los asesores o que no se contrataría parientes y amigos, era seriedad.

Lo que se necesitaba era mostrar —visualmente— lo que justamente hoy se está expresando: que pueden estar gobernando «los fomes», pero los fomes que hacen la pega, los serios que dicen las cosas como son, los que prefieren ponerse colorados una vez y no sonrojarse todos los días, mintiendo.

«Si lo que denuncia (Sedini) es verdad, lo que revela es que el gobierno tuvo desde el comienzo una definición estratégica sobre su propio estilo, y que el verdadero error fue haber elegido a una vocera cuya vocación era exactamente la opuesta al estilo del gobierno. Que la exministra vocera ahora se sienta desplazada por la fomedad del gobierno no es un problema. Es solo una indicación de que las cosas están volviendo a funcionar«, dijo hace unos días Kenneth Bunker en Ex-Ante y le encuentro mucho de razón.

El Gobierno encontró la senda de su camino. Es el Gobierno de Los Fomes, pero los fomes de verdad.

No habrán abrazos apretaditos, de esos que reconfortan, por parte del Presidente en cada catástrofe, pero sí un ejército de personas solucionando los problemas; la Primera Dama — hay Primera Dama !!— no se vestirá de seda ni dejará los pasillos pasados de perfume, pero baja al comedor y sirvió el almuerzo a los funcionarios; y si un jefe de servicio se marihuanea, se va —que fome dirán algunos— pero se va (tal vez en otros gobiernos solo tenía que convidar).

Finalmente, no habrá una Mara Sedini en la vocería, intentando encantar, pero hay un ministro vocero de Gobierno con traje y corbata, comunicando —fome— pero correctamente y lo que la gente quiere escuchar.

Prefiero un Gobierno de Los Fomes, pero que haga la pega y con un alto sentido ético en primer lugar.

(*) La pobreza durante 2023 fue de un 17,3%, mientras que la extrema pobreza, de un 6,9%, lo que significa que sus ingresos no alcanzan para comprar los alimentos mínimos necesarios para vivir.

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