La crisis financiera de la universidad estatal gatilla el abandono de sus campus en Angol y Pucón, evidenciando el fracaso de un modelo de financiamiento que castiga a los jóvenes de las comunas de provincia.
La reciente confirmación del fin de las actividades académicas de la Universidad de La Frontera (UFRO) en su campus de Angol y el cierre de matrículas para nuevas carreras técnicas en Pucón es una pésima noticia para la descentralización. A través de un comunicado oficial, la institución atribuyó estas drásticas medidas a la severa crisis financiera y al plan de reestructuración interna que atraviesa. Sin embargo, este repliegue territorial desnuda una cruda realidad: cuando las cuentas no cuadran en la educación superior pública, el costo lo pagan las comunas de provincia.
Las promesas rotas del desarrollo local
La decisión de la UFRO choca de frente con las demandas históricas de las autoridades locales de Malleco y de la zona lacustre. Durante años, alcaldes y agrupaciones sociales han emplazado a la universidad estatal a expandir su oferta con carreras técnico-profesionales que respondan a las necesidades productivas de sus jóvenes. Al declarar que «no está en condiciones» de cumplir con estos requerimientos, la universidad corta el canal más directo de movilidad social para cientos de familias que no pueden costear el traslado o los gastos de vivir en Temuco.
Angol: El abandono de la infraestructura disponible
El caso de Angol resulta especialmente contradictorio. El campus operaba en un céntrico inmueble entregado por la propia municipalidad mediante un comodato que aún se encuentra legalmente vigente. La promesa institucional de mantener actividades «de investigación y vinculación con el medio» suena a un premio de consuelo insuficiente ante la pérdida de aulas y laboratorios. Dejar un edificio vacío obliga de inmediato al municipio local a buscar alianzas con otras casas de estudios que sí tengan la voluntad o la solidez para habitar el territorio.
Pucón y la lenta agonía de la formación técnica.
En la zona lacustre la estrategia de salida es similar pero más lenta. Al clausurar el ingreso de nuevos estudiantes para tres carreras técnicas a partir del próximo año, la UFRO inicia un proceso de cierre programado en Pucón. Aunque el alcalde Sebastián Álvarez intenta negociar la extensión del comodato del edificio hasta el año 2030 para asegurar el egreso de los alumnos que hoy están vigentes, la señal hacia el futuro es lapidaria: la presencia estatal técnica en un polo turístico clave tiene fecha de vencimiento.
El fracaso de un modelo de financiamiento.
Este doloroso ajuste no es un hecho aislado, sino el síntoma de un sistema de financiamiento de la educación superior que asfixia a las universidades del Estado en regiones. El modelo actual obliga a los planteles públicos a competir como empresas privadas, donde los campus periféricos son vistos como unidades de gasto prescindibles en lugar de polos de desarrollo estratégico. Si el Ministerio de Educación no interviene estructuralmente ante estas crisis, el derecho a la educación superior pública volverá a ser un privilegio geográfico reservado solo para las grandes capitales regionales.
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