Como Fundación Hijos y Madres del Silencio de Chile, organización integrada por madres, hijos, hijas y familias afectadas por adopciones forzadas e irregulares, manifestamos nuestro rechazo a la ceremonia de reconocimiento realizada ayer, 2 de junio, en el Palacio de La Moneda, encabezada por el Presidente de la República, en homenaje al Dr. Fernando Monckeberg Barros, así como al anuncio de la creación del “Premio Dr. Fernando Monckeberg”, en el marco de la celebración de los 100 años de vida del médico.

El acto, presentado como un reconocimiento nacional a su aporte en la erradicación de la desnutrición infantil, omite una parte dolorosa e indispensable
de la historia reciente de Chile: el rol que cumplieron instituciones de infancia en la separación forzada de niños y niñas de sus familias, especialmente de madres pobres, jóvenes, rurales, mapuche y de sectores populares.

Chile tiene derecho a conocer su historia completa. La lucha contra la desnutrición infantil no puede ser utilizada para blanquear, relativizar o silenciar las denuncias, investigaciones y testimonios que vinculan a CONIN con procesos de adopción forzada e irregular.

CONIN, la Corporación para la Nutrición Infantil, institución fundada y dirigida por el Dr. Fernando Monckeberg, no puede ser presentada únicamente como una obra sanitaria ejemplar. Para muchas madres y familias chilenas, CONIN formó parte de un entramado institucional que se prestó para arrebatar niños y niñas de sus familias, hacerlos desaparecer de sus hogares de origen y facilitar que fueran entregados en adopción, muchas veces al extranjero, sin consentimiento libre, informado ni verificable.

A lo anterior se suma un antecedente especialmente grave: el propio Dr. Fernando Monckeberg ha sido señalado por víctimas como parte de los profesionales que emitían informes médicos para acreditar que niños y niñas enviados al extranjero se encontraban en condiciones de salud aptas para ser adoptados, sin enfermedades ni impedimentos físicos. Es decir, mientras miles de familias eran separadas de sus hijos e hijas, esos niños y niñas eran evaluados, certificados y declarados aptos para circular fuera del país, como si se tratara de mercancía.

Por ello, como Fundación Hijos y Madres del Silencio solicitamos que el Ministerio de Salud no implemente el premio anunciado con el nombre del Dr. Fernando Monckeberg. Un reconocimiento público de esa naturaleza constituye una afrenta para las familias que aún buscan verdad, justicia, identidad y reparación.

No se trata de negar la importancia histórica de combatir la desnutrición infantil. Se trata de afirmar que ninguna política sanitaria puede ser celebrada si al mismo tiempo se silencian las vulneraciones cometidas contra madres, hijos e hijas en nombre de la pobreza, la protección o el supuesto “bien superior” de la infancia.

Para las víctimas, este homenaje no es neutro. Es una señal dolorosa de que el Estado sigue dispuesto a reconocer a quienes ocuparon lugares de poder,
mientras miles de madres, hijos e hijas afectados por adopciones forzadas continúan esperando verdad.

Fundación Hijos y Madres del Silencio.

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