A 72 horas de asumir, el nuevo Gobierno centraliza la información y reporta 59 muertos menos que las regiones. La falta de comunicación con el equipo de Petro pasa factura en el peor momento.
La luna de miel de Abelardo de la Espriella terminó antes de empezar. El terremoto de magnitud 7,4 que devastó el eje cafetero y el Pacífico no solo es el más fuerte del siglo en Colombia; es la radiografía inmediata de un Gobierno atrapado entre la improvisación de una transiciónhostil y la tentación del control absoluto.
Tres días en el poder bastaron para cambiar las promesas de descentralización por un severo cepo informativo dictado desde la Casa de Nariño.
La danza de las cifras: ¿Incompetencia o maquillaje?
La primera gran contradicción del mandatario tardó menos de 48 horas en costar credibilidad. Tras ordenar que toda la información del desastre fuera monopolizada por la Presidencia, el balance oficial centralizado chocó de frente con la realidad de los territorios.
La brecha de datos revela un desorden alarmante:
- El reporte de De la Espriella: Fijó la cifra nacional en 181 fallecidos.
- El conteo real de las gobernaciones: La suma regional reporta 240 muertos (130 en Valle del Cauca, 90 en Risaralda, 14 en Chocó y 6 en Caldas).
- El limbo institucional: Hay 59 víctimas fatales que el Gobierno central no reconoce o no ha podido procesar.
Este desfase plantea una pregunta incómoda para el nuevo periodismo digital: ¿Estamos ante una alarmante incapacidad administrativa para consolidar datos en tiempo real, o ante un intento político por mitigar el impacto mediático de la tragedia en el debut del gabinete?
El precio de un empalme roto.
La catástrofe tomó al país en el peor escenario posible: el limbo del relevo presidencial. La hostilidad mediática y la nula comunicación que caracterizaron el proceso de empalme entre el gobierno saliente de Gustavo Petro y el equipo entrante de De la Espriella hoy se están pagando en tiempo de respuesta y vidas humanas.
El despliegue de emergencia desnudó una preocupante falta de coordinación operativa:
- Gabinete en el aire: Ministros recién posesionados operan a ciegas junto a funcionarios de la administración anterior que van de salida.
- Relevo en plena crisis: En las primeras horas de la peor tragedia del siglo, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) estuvo bajo el mando del director saliente, Javier Pava, antes de transferir el control al geólogo David Tamayo Roldán.
- Herencia institucional: Tamayo recibe una entidad desmantelada por los recientes escándalos de corrupción del periodo petrista, obligada ahora a atender a 2.595 heridos y reconstruir 85 centros de salud dañados.
Del discurso a la realidad.
De la Espriella basó su campaña en la promesa de empoderar a las regiones. Sin embargo, ante la primera crisis de magnitud real, su respuesta automática fue arrebatar la vocería a las autoridades locales, las mismas que hoy demuestran tener un pulso mucho más exacto de la tragedia que los escritorios de Bogotá.
El sismo en San José del Palmar obligó a guardar las banderas de la agenda de seguridad de campaña. Al nuevo mandatario le toca gobernar en el barro de la emergencia, donde el centralismo informativo y las fracturas políticas del pasado reciente son sus peores enemigos.
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