La Región busca fortalecer la educación de las personas privadas de libertad mediante una nueva Comisión Mixta que reúne a Justicia, Educación y Gendarmería. La iniciativa apunta a evitar que la condena también signifique quedar fuera del sistema educativo. El desafío será transformar la coordinación institucional en resultados concretos.
La cárcel suele asociarse con seguridad, castigo y cumplimiento de condenas. Mucho menos con salas de clases, profesores, certificados de estudios o proyectos de vida. Sin embargo, detrás de los muros de los recintos penitenciarios también existe una realidad que puede resultar determinante cuando una persona recupera su libertad: qué herramientas tendrá para comenzar nuevamente su vida fuera de prisión.
Con ese desafío como telón de fondo, en la región se constituyó oficialmente la Comisión Mixta Regional de Educación, instancia que reúne a la Secretaría Regional Ministerial de Justicia y Derechos Humanos, la Secretaría Regional Ministerial de Educación y Gendarmería de Chile.
La nueva estructura busca coordinar el trabajo de las instituciones que intervienen en la educación de personas privadas de libertad y abordar problemas relacionados con la continuidad de estudios, nivelación de enseñanza básica y media y funcionamiento de los establecimientos educacionales al interior de las unidades penales.
En términos simples, el objetivo es evitar que la trayectoria educativa de una persona quede definitivamente interrumpida por una condena.
La educación como parte de la seguridad.
La seremi de Justicia y Derechos Humanos, Stephanie Caminondo, planteó que la educación debe ser entendida como una herramienta de reinserción y también de seguridad.
La autoridad sostuvo que fortalecer el acceso a la educación en los recintos penitenciarios puede contribuir a generar nuevos proyectos de vida y a construir una sociedad más segura.
La afirmación contiene uno de los elementos centrales del debate penitenciario: la seguridad no necesariamente termina en la puerta de una cárcel.
Una persona eventualmente recuperará su libertad. Y cuando eso ocurra, la sociedad tendrá que convivir nuevamente con ella. La pregunta, entonces, es qué herramientas tendrá para incorporarse al mundo laboral, continuar estudiando, desarrollar capacidades y desenvolverse sin volver a delinquir.
En ese sentido, la educación penitenciaria no debería ser entendida únicamente como un beneficio para quien cumple una condena. También puede ser vista como una inversión en el proceso de reinserción y, por esa vía, en la seguridad de la comunidad.
El desafío está más allá de la firma de un acta.
La creación de la Comisión Mixta constituye un paso administrativo. Pero su verdadero resultado no se medirá en ceremonias ni en documentos institucionales.
Se medirá en cuántas personas logran completar sus estudios, cuántas pueden continuar una trayectoria educativa y qué oportunidades concretas encuentran al recuperar su libertad.
La directora regional de Gendarmería, coronel Denisse Melgarejo, destacó precisamente la necesidad de generar condiciones para que la población penal pueda completar la enseñanza básica y media e incluso acceder a niveles superiores.
Ese objetivo enfrenta, sin embargo, dificultades evidentes: infraestructura, disponibilidad de docentes, continuidad de los programas, características particulares de cada recinto y las propias condiciones que impone el sistema penitenciario.
Por eso, coordinar a Educación, Justicia y Gendarmería resulta relevante. Una persona privada de libertad no deja de ser estudiante por encontrarse cumpliendo una condena, pero su proceso educativo sí se desarrolla bajo condiciones completamente distintas a las de un establecimiento convencional.
Una segunda oportunidad que comienza antes de recuperar la libertad.
El seremi de Educación, Aaron Ríos, señaló que la comisión busca garantizar las trayectorias educativas de los estudiantes en contexto de encierro y vinculó el trabajo con los objetivos del Ministerio de Educación y el denominado Plan Chile Aprende y Avanza.
La lógica detrás de esta política es sencilla, aunque su ejecución no lo sea: la reinserción no debería comenzar el día en que una persona abandona la cárcel; debería comenzar durante el cumplimiento de la condena.
Completar la enseñanza básica o media no garantiza por sí solo que una persona no vuelva a delinquir. Tampoco resuelve las múltiples dificultades sociales, familiares, laborales y económicas que pueden acompañar el retorno a la comunidad.
Pero carecer de educación y de herramientas para acceder posteriormente a nuevas oportunidades puede profundizar esas dificultades.
De ahí la importancia de mirar la educación penitenciaria no como un elemento secundario del sistema carcelario, sino como parte de una estrategia más amplia.
La pregunta incómoda: ¿Qué ocurre después de la condena?.
La discusión sobre las cárceles suele concentrarse en una pregunta legítima: cómo proteger a la sociedad frente a quienes han cometido delitos.
Pero existe otra pregunta que resulta igualmente relevante: ¿qué hacemos con esas personas durante el tiempo que permanecen privadas de libertad?
Si el objetivo es que una condena también contribuya a la reinserción, el encierro no puede convertirse simplemente en un paréntesis en la vida de una persona.
La educación puede ser una de las herramientas para evitarlo.
La nueva Comisión Mixta Regional tendrá ahora la tarea de pasar del diagnóstico a la ejecución: identificar brechas, resolver problemas, coordinar recursos y establecer mecanismos que permitan evaluar si las oportunidades educativas efectivamente están llegando a quienes las necesitan.
Porque una política penitenciaria que aspire a algo más que custodiar personas debería preguntarse también qué sociedad recibirá a quienes algún día cumplan sus condenas.
La verdadera prueba de esta iniciativa no estará dentro de una sala de clases ni en la firma de un convenio. Estará afuera de la cárcel, cuando quienes hayan cumplido su condena tengan que demostrar que las oportunidades de educación recibidas durante el encierro fueron capaces de abrirles una puerta distinta a la que los llevó hasta allí.
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