¿Son excesivas las actividades escolares que involucran la participación de los padres de los alumnos? ¿Se pone en aprietos a aquellos niños cuyos apoderados no pueden participar de dichas dinámicas? ¿Por qué es importante la participación de familiares en actividades organizadas intrínsecamente en los colegios?
El debate quedó planteado en redes sociales a raíz de una publicación de la conferencista, abogada y escritora chilena Catalina Schaerer Bascuñán, la mujer detrás de la popular cuenta @Mamasincaos en Instagram, dedicada a temas de maternidad y crianza.
En un post que en menos de un día generó miles de reacciones en redes, Schaerer señaló: “Este afán de los colegios por involucrar tanto a los papás es un tremendo problema para algunas familias… Debiesen cuestionarse si también están poniendo en aprietos a esos niños cuyos papás no pueden participar de las actividades que el colegio organiza. Porque spoiler: no pasa desapercibido”.
“Los niños ven que siempre son los papás de otros compañeros los que se ofrecen (voluntariamente) a acompañar a salidas a terreno o actividades en el colegio”, agregó. “Y aunque en la teoría suena bien, en la realidad no es nada más que el ejercicio de un privilegio de quienes tienen sueldo fijo, flexibilidad laboral o trabajo no remunerado”.
El post generó debate y controversia al respecto: mientras algunos compartieron la postura de la influencer chilena, otros defendieron el derecho a participar in situ en el proceso escolar de sus hijos.
“Cuando pregunté en Finlandia cómo lo hacían, la respuesta fue tajante: ‘acá las actividades del colegio las lleva adelante el colegio. Los papás tienen que trabajar o vivir’. Así que, si el famoso modelo finlandés de educación que tanto celebran algunos colegios privados en Chile, no depende de involucrar a los papás en cada iniciativa, ¿por qué siguen insistiendo en ello como si fuese una piedra angular de la formación de los hijos?”, se preguntó.
Actividades escolares con los mismos apoderados de siempre: “Es un problema real”.
La apoderada Andrea Muñoz es madre de dos niños de 10 y 7 años, y participa activamente en las actividades escolares de un colegio particular donde constantemente se solicita colaboración de apoderados. Y a pesar de que defiende el ejercicio de participación, también es crítica sobre el tema y comparte los puntos que plantea Schaerer.
“Es un problema real. Y cuando digo problema, me refiero a que es un tema que afecta a algunas familias. He conversado con amigas (que tienen trabajos con horario fijo, o muy demandantes) de esto, porque me han comentado lo difícil que es explicarle al hijo o hija que uno no puede asistir a una actividad”, señala a BioBioChile.
“En mi caso personal, yo no tengo un trabajo remunerado formal (soy Educadora de Párvulos de profesión) porque ahora genero ingresos en forma independiente, sin un jefe. Sin embargo, en algún minuto, cuando decidí colgar el delantal, esta fue una de las razones: quería tener tiempo para participar activamente de las actividades del colegio de mis hijos, porque sabía que era así el sistema escolar”, acota.
“Me gusta participar, y pertenezco a la directiva del curso porque tengo tiempo, pero, ahora que lo pienso, siempre estoy apoyando más de lo debido porque entiendo a los padres que no pueden y yo misma me pongo carga extra por lo mismo”, explica.
¿Qué dice la psicología?.
Para el psicólogo Jonathan Martínez, académico de la Universidad Andrés Bello y director del Magíster en Educación Emocional y Convivencia Escolar de la misma casa de estudios, la participación de los padres en el proceso escolar de sus hijos es fundamental, sobre todo teniendo en cuenta los efectos de la llamada “pandemia de salud mental” que gatillaron las medidas de resguardo del covid-19 a nivel global.
“Cuando el colegio y la familia trabajan juntos, la idea es que terminan compartiendo los mismos valores de lo que quieren formar, en este caso el alumno. A lo mejor hay casos aislados (de excesiva participación de apoderados en actividades escolares), pero cada vez más los colegios están pidiendo más la ayuda de los padres porque claramente, con los graves problemas que tenemos de salud mental, de regulación emocional, creo que todos tenemos que trabajar sobre la misma base”, argumenta.
Para Dennise Smith, académica de la carrera de Psicología de la Universidad Finis Terrae, la sobreexigencia a los padres sí puede constituirse como un problema, pero en ningún caso se trata de una realidad generalizada: “Sin duda existen situaciones en que las actividades propuestas por los colegios pueden representar una sobreexigencia para algunas familias, especialmente considerando las demandas actuales, pero no creo que sea una realidad absoluta”.
“Lo que sí parece ser una realidad generalizada es la sensación de sobrecarga que experimentamos los padres, sentimos la presión de tener trabajar para responder a las diversas exigencias económicas y al mismo tiempo desempeñar el rol de psicólogos, profesores, orientadores, deportistas, expertos en tecnología y, casi, físicos cuánticos para poder criar adecuadamente a nuestros hijos”, acota con ironía.
“A mi juicio, el problema no son los colegios, sino una cultura que cada vez parece tener menos espacio para los niños y sus necesidades. Trabajando con colegios, no he visto un deseo de sobreexigir a las familias, sino equipos preocupados por cómo acompañar a los padres e intentando dar herramientas. Pocas veces se menciona que algunos colegios intensifican las actividades para padres porque están preocupados. Perciben una creciente desvinculación familiar y temen transformarse en lugares donde los niños son dejados por la mañana y retirados al final de la jornada”, señala.
“Creo que la aparente disputa familia-colegio es más bien un síntoma de los problemas sociales actuales. No creo que haya padres deseosos de abandonar a sus hijos, como tampoco veo colegios que busquen dañar al niño ni a su familia. Esta pugna viene más bien del cansancio y la frustración que da cuenta de una sociedad en crisis”, explica.
En ese sentido, Jonathan Martínez marca distancia con el planteamiento de @Mamasincaos y la apología al sistema finlandés: “Es bien sesgado el punto, porque con Finlandia claramente estamos a años luz, en inversión y metodología, y además hay menos alumnos allí”, subraya.
“Si son muchas actividades, a lo mejor, efectivamente, podríamos ver cómo esto genera angustia o tristeza en niños que no ven a sus padres participando de las actividades, sentirse excluidos por eso. Muchos colegios han avanzado en la eliminación de actividades del tipo Día de la Mamá o Día del Padre, pero me sigue pareciendo fundamental el trabajo conjunto con las familias y los padres”.
En este punto, también hizo un emplazamiento a los colegios, para que “programen actividades en horarios donde no haya carga laboral. En la actualidad, la mayoría de los padres, en ambos roles, trabajan, entonces hay que buscar que las actividades ocurran en horarios donde no haya carga laboral”.
Sobre sus recomendaciones para aquellos apoderados que no pueden participar in situ en el proceso educativo de sus hijos, añadió: “Hay que tener en cuenta que, más que el tiempo que pasan con sus hijos, es la calidad del tiempo que pasan con ellos. Ningún niño se acuerda de cuánto tiempo pasó con sus papás, sino de situaciones específicas. Sumar a los abuelos, si está esa posibilidad, también es una opción. Lo otro es mantener una comunicación estable con el colegio”.
Para el psicólogo, el uso de un “calendario de actividades importantes”, en las que se haga imprescindible la presencia de los padres, es una salida amigable para aquellos apoderados con problemas de tiempo. “En definitiva, no existen los papás que no quieran participar de actividades de sus hijos. Y también hay que evitar la culpa, en los padres, porque hay cosas que no se pueden manejar”.
“Estamos en una pandemia de salud mental, eso es lo primero. Y obviamente, hay que entender que la salud mental infantil y adolescente, en estos momentos, no está siendo una superprioridad. Por lo tanto, la familia no se puede sustraer de esta discusión y efectivamente, cuando la escuela y la familia están comunicadas, los niños presentan un mayor y mejor bienestar”, apunta.
Sobre este punto, la psicóloga Dennise Smith explica: “Los problemas de autoestima o de salud mental son multifactoriales, son profundos y muchas veces anteceden al colegio. Si un niño ya experimenta una sensación de distancia o ausencia emocional de sus padres, la no participación en una actividad escolar puede transformarse en la guinda de la torta. Las actividades de los colegios pueden ser un espacio de encuentro que potencia la salud mental o, por el contrario, pueden ser fuente de sufrimiento. Por eso, lo central es repensar el por qué, el para qué y el cómo de la realización de una determinada actividad”.
Para la apoderada Andrea Muñoz, con experiencia en el sistema escolar a ambos lados del aula (tanto de profesora como de apoderada), los colegios muchas veces caen en el exceso de las actividades compartidas. “Soy educadora y hoy, desde la vereda de la maternidad y de la experiencia trabajando en sala, puedo decir que sí: a ratos se siente excesivo porque hay detalles que los profesores poco a poco han ido soltando y han exigido a los padres hacerse cargo”.
“Por ejemplo, el Día del Estudiante, que preparan casi íntegramente los apoderados. O las alianzas por el aniversario del colegio y tantos otros. Uno siente la obligación de participar como apoderados”, dijo.

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