¿Cuántas veces un niño nos ha llamado la atención por cruzar a mitad de cuadra o no usar el cinturón de seguridad? Una masiva campaña escolar en la comuna apuesta justamente a eso: transformar a los más pequeños en los profesores de tránsito que los adultos necesitamos.
Un niño que aprende a respetar un semáforo o que exige el uso del cinturón de seguridad no solo se protege a sí mismo; se convierte, de inmediato, en el mejor profesor para sus padres. Con esta premisa, la Municipalidad de Temuco culminó una exitosa campaña de educación vial que, durante tres meses, unió la teoría en el aula con la entrega de herramientas prácticas para proteger la vida en las calles.
La iniciativa, impulsada bajo el sello del programa comunal de seguridad vial, «Yo me cuido y te cuido», benefició directamente a más de 1.400 estudiantes de educación básica de establecimientos municipales y particulares subvencionados. El hito de clausura se vivió en el Colegio Mundo Mágico, donde se entregaron kits de emergencia y seguridad vial —que incluyen chalecos reflectantes, conos y elementos de demarcación, entre otros— a diez escuelas de la comuna que conviven diariamente con un alto flujo vehicular en sus entornos.
Un cambio de cultura desde la infancia.
El programa busca superar las mediciones académicas tradicionales, entendiendo que la seguridad en la ciudad también se aprende en el aula. El concepto clave es que el espacio público es un compromiso colectivo.
Así lo destacó Rodrigo Garrido, director del Departamento de Educación Municipal (DAEM), quien relevó el efecto multiplicador que generan los menores al llegar a sus hogares:
«Ellos se transforman en agentes transformadores de la propia cultura de las familias».
Por su parte, la directora de Tránsito, Katerin Krepps, explicó que esta prevención temprana se complementa con mejoras del entorno, como el pintado y la señalización de cruces seguros, un trabajo que hoy suma los esfuerzos de Carabineros, Seguridad Municipal y Empresa de los Ferrocarriles del Estado (EFE).
La voz de la comunidad.
En los patios escolares, la urgencia de estas intervenciones es evidente. Priscila Mesías, dirigenta de los apoderados del Colegio Mundo Mágico, reconoció el valor de este aprendizaje: «Muchas veces los adultos decimos ‘no, si vamos aquí a la esquina, no es necesario el cinturón’, pero hay que aprender a cumplir las normas por la seguridad de todos».
La prudencia también es demandada por los propios alumnos. Amalia Manosalva, presidenta del Centro de Alumnos de la institución, advirtió sobre los riesgos cotidianos: «A veces la gente es imprudente; ven el paso cebra, miran solo para un lado y se les olvida que la calle es de doble sentido».
Una urgencia estadística.
El respaldo técnico de la campaña encendió alarmas sobre la necesidad de educar a temprana edad. Gustavo Rocha, experto de la Mutual de Seguridad, reveló que más del 60% de los accidentes laborales fatales se relacionan con el ámbito vial. «Las personas mayores ya tienen una idea preconcebida de cómo transitar. Por eso es fundamental trabajar con los niños, para que formen generaciones más preventivas», concluyó.
A través de esta estrategia, la seguridad vial en Temuco deja de ser un frío reglamento técnico para transformarse en una política de protección humana que nace en las salas de clases y se proyecta hacia cada arteria de la capital regional.

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