Señor Director:

Hoy quiero contarles la historia de nuestro papá.

Él es Ariel Melgarejo Moraga, padre de 5 hijos/as, abuelo de una nieta. Es carpintero desde hace más de 30 años. Somos de un pequeño pueblo llamado Selva Oscura, en la comuna de Victoria, en la región de La Araucanía. Mi papá tiene 47 años, es diabético crónico y lleva más de 15 años esperando una operación en el Hospital Regional de Temuco.

La cirugía que él espera es para extirpar un bocio gigante (cómo ven en las fotos), el cual ha crecido de forma alarmante con el paso de los años. Esta condición le provoca constantes episodios de ahogo durante la noche, porque el bocio obstruye su paso de oxígeno mientras duerme. Lo que para muchos es descansar, para él ha sido una lucha constante por respirar.

Hace años le realizaron exámenes, evaluaciones y todo el proceso previo a la operación. Sin embargo, cuando lo vuelven a llamar, es solo para solicitarle que se haga los mismos exámenes una y otra vez (los cuales si hace) junto con preguntarle si aún necesita la cirugía. Después de eso, el tiempo pasa… y el caso vuelve a quedar en el olvido. Si bien su bocio es benigno, su caso dentro de ese diagnóstico (benigno) es complejo por el tamaño y lo que le produce en su cuello (desviaciones, ahogos casi todas las noches y ahora último colores fuertes de cabeza-cuello-espalda).

En estos últimos días, la situación ha empeorado. Sus dolores se han vuelto insoportables: sufre migrañas intensas y jaquecas muy dolorosas que lo han dejado prácticamente imposibilitado de realizar su día a día. Y aun así, cuando ha trabajado, lo ha hecho con dolor. Ha sido un verdadero calvario tener que levantarse cada mañana a luchar contra su propio cuerpo para poder seguir sosteniendo nuestro hogar.

A pesar de todo, mi papá no ha dejado de trabajar. Pero cada día se le hace más difícil. Mi mamá, a su lado, también sufre. Durante todos estos años no ha podido descansar como corresponde, porque las noches son interrumpidas por los ahogos de mi papá y ella tiene que socorrerlo trayéndole agua que es lo único que lo recupera. Ella además padece de úlceras varicosas, lo que agrava su propio estado de salud. Su desgaste ha sido silencioso, constante e invisible para muchos.

No queremos atacar ni difamar. Solo queremos que esta historia sea escuchada. Con esto, buscamos que se revisen las razones de esta espera tan extensa de más de 1 década y media. Que se determine si ha habido atrasos que deben corregirse con eventuales responsabilidades. Pero, sobre todo, necesitamos que el hospital NO IGNORE este caso y nos de respuestas.

Como familia no podemos costear esta operación de manera particular, debido a lo costosa que es (millones de pesos). Nuestra única esperanza es que el sistema público responda con la urgencia que la situación amerita.

Por eso les pedimos por favor, que compartan, comenten, reaccionen y reposteen esta historia. Que nos ayuden a visibilizar su dolor y su espera. Que etiqueten al Hospital Regional de Temuco, al Seremi de Salud de La Araucanía, a la Ministra de Salud, a Diputados, Senadores o a cualquier autoridad o personalidad pública que pueda ayudar a que este caso tenga mayor alcance.

No buscamos polémica. Buscamos una solución. Buscamos dignidad. Buscamos que mi papá pueda volver a respirar tranquilo.

Gracias por leer y por ayudarnos a difundir.

La Familia.

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