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El Ministerio de Bienes Nacionales evalúa tres opciones para entregar la administración del emblemático inmueble: una destinación a Carabineros o Gendarmería, una licitación pública o una concesión al Club Deportivo Centenario, que tendría interés en construir una cancha de fútbol. La eventual recuperación contempla una inversión cercana a los $2 mil millones en reparaciones, además del pago de un arriendo mensual.

El Pabellón Araucanía, uno de los espacios arquitectónicos más reconocibles de Temuco y símbolo de la Expo Milán 2015, continúa deteriorándose mientras el Ministerio de Bienes Nacionales busca una fórmula para entregarlo a un nuevo administrador. A más de dos años de que el Gobierno Regional perdiera su administración, el recinto todavía no tiene un destino definido y ahora aparecen tres alternativas que abren interrogantes sobre su futuro.

La historia de este prolongado impasse se remonta al 9 de agosto de 2024, cuando el entonces gerente de la Corporación de Desarrollo de La Araucanía, Sebastián Hunter, hizo entrega de las llaves del inmueble a la entonces seremi de Bienes Nacionales, Ámbar Castro, militante del Partido Comunista.

La decisión se produjo después de reiteradas gestiones del entonces gobernador regional, Luciano Rivas, quien había manifestado su disposición a financiar, con recursos del Gobierno Regional, las reparaciones necesarias para recuperar la infraestructura. Su principal condición era contar con un convenio de comodato de largo plazo, que permitiera justificar una inversión de esa magnitud.

Hasta entonces, el recinto había sido administrado por el Gobierno Regional, a través de la Corporación de Desarrollo de La Araucanía, con una programación que incluía actividades culturales, recreativas y familiares, muchas de ellas gratuitas. Durante ese período, el Pabellón se había convertido en un espacio de encuentro para la comunidad, especialmente para niños y familias.

Sin embargo, aquella propuesta de recuperación no prosperó. La administración regional no recibió la autorización para hacerse cargo del inmueble y, mientras se sucedían las decisiones administrativas, la estructura comenzó a evidenciar un deterioro cada vez mayor.

El resultado fue que el recinto quedó sin una solución efectiva, pese a que existía una propuesta de inversión para recuperar sus instalaciones.

Un traspaso fallido a la Municipalidad de Temuco.

Posteriormente, la entonces administración de Bienes Nacionales entregó el inmueble a la Municipalidad de Temuco. Sin embargo, la magnitud de los trabajos requeridos y la millonaria inversión que suponía su recuperación terminaron convirtiéndose en un obstáculo para el municipio, que finalmente desistió de hacerse cargo y devolvió el recinto.

Con el cambio de Gobierno se abrió una nueva expectativa. El actual seremi de Bienes Nacionales, Juan Rojas, anunció que buscaría una solución para evitar que el Pabellón continuara deteriorándose y adelantó la posibilidad de desarrollar un proceso de licitación que permitiera entregar su administración a un tercero, bajo condiciones que garantizaran su reparación y mantención.

No obstante, transcurridos más de seis meses desde el inicio de la nueva administración, el inmueble continúa sin una destinación definitiva.

Ahora, la autoridad regional reconoce que existen tres alternativas sobre la mesa: realizar una licitación pública, entregar el recinto mediante una destinación a Carabineros de Chile o Gendarmería, o evaluar una propuesta privada presentada por el Club Deportivo Centenario de Temuco.

Una cancha de fútbol en el Pabellón Araucanía.

Esta última posibilidad introduce un nuevo elemento en la discusión. El Club Deportivo Centenario tendría interés en hacerse cargo del inmueble, comprometiendo una inversión que considera aproximadamente $2 mil millones para reparaciones, además del pago de un arriendo mensual. Entre sus propuestas estaría la construcción de una cancha de fútbol.

La iniciativa, sin embargo, plantea interrogantes que todavía necesitan respuesta. ¿Cuáles son los fundamentos para considerar a este club deportivo como una alternativa de administración? ¿Cómo se conoció su interés y bajo qué procedimiento se evaluaría su propuesta? ¿Existirán otras organizaciones interesadas en desarrollar proyectos para el recinto?

También será necesario determinar la viabilidad ambiental de una eventual intervención de estas características, considerando la cercanía del Pabellón con el Monumento Natural Cerro Ñielol. Si el proyecto contempla obras o intervenciones que se encuentren dentro de las tipologías sometidas al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, deberá cumplir con ese procedimiento y obtener las autorizaciones correspondientes.

Por ahora, no se conoce públicamente un proceso competitivo que permita establecer si existen otras propuestas similares ni cuáles serían las condiciones económicas y administrativas de una eventual concesión.

Consultado sobre el futuro del inmueble, el seremi de Bienes Nacionales, Juan Rojas, sostuvo que la principal preocupación es evitar que una nueva entrega termine, nuevamente, sin resultados.

«No queremos entregar una administración que el día de mañana nos devuelvan nuevamente el pabellón, sin ningún tipo de avance», señaló.

La autoridad agregó que las distintas alternativas serán examinadas desde el punto de vista técnico.

«Acá lo que se busca siempre es dar una buena administración al espacio y, si ello incluye una licitación pública, mediante una destinación, ya sea a Carabineros, ya sea a Gendarmería, o mediante un privado, vamos a evaluarlo técnicamente», afirmó.

El costo de seguir esperando.

Mientras las autoridades analizan las alternativas, el Pabellón Araucanía continúa expuesto al deterioro provocado por el paso del tiempo y las condiciones climáticas. Su estructura, construida fundamentalmente en madera de pino, requiere intervenciones para evitar que los daños sigan aumentando y encarezcan todavía más una eventual recuperación.

La paradoja es que un inmueble que alguna vez albergó actividades culturales, encuentros ciudadanos y eventos familiares gratuitos lleva años sin cumplir ese propósito. Y aunque hoy se habla de inversiones millonarias y posibles nuevos administradores, todavía no existe una decisión concreta que permita establecer cuándo comenzarán las obras y cuál será el destino definitivo del recinto.

La discusión ya no se limita a quién administrará el Pabellón Araucanía. También involucra la transparencia del procedimiento, los criterios para seleccionar a su futuro ocupante y, sobre todo, qué proyecto se considera más conveniente para recuperar un patrimonio arquitectónico y cultural de la región.

Por ahora, mientras las alternativas siguen sobre la mesa, la lluvia continúa haciendo lo suyo. Y el Pabellón Araucanía sigue esperando.

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