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La unidad superó una evaluación de casi tres días y se convirtió en la primera Fuerza de Tarea Forestal de categoría Mediana acreditada desde la Región del Biobío hacia el sur. El reconocimiento amplía su capacidad de despliegue, pero también plantea el desafío de asegurar financiamiento, equipamiento y continuidad operativa ante una temporada de incendios que se anticipa compleja.

La Fuerza de Tarea Forestal del Cuerpo de Bomberos de Temuco obtuvo este domingo 25 de octubre su acreditación ante el Sistema Nacional de Operaciones (SNO) de Bomberos de Chile, tras superar una evaluación práctica y operativa que se extendió durante casi tres días. Con ello, la unidad se convirtió en la número 16 del país en alcanzar esta certificación y, según los antecedentes entregados por la institución, en la primera de categoría Mediana acreditada desde la Región del Biobío hacia el sur.

El reconocimiento habilita al equipo para incorporarse a los mecanismos nacionales de coordinación y movilización de recursos bomberiles, lo que permitirá solicitar su despliegue en emergencias forestales de gran magnitud fuera de la Región de La Araucanía, de acuerdo con los requerimientos operativos del sistema.

Sin embargo, la acreditación no constituye un punto de llegada. También abre una nueva etapa para Bomberos de Temuco: mantener los estándares exigidos, garantizar la disponibilidad de personal y disponer de los recursos materiales y financieros necesarios para responder cuando una emergencia requiera su intervención.

Un año y medio de preparación y exigencias operativas.

El proceso comenzó formalmente el 13 de mayo de 2025, cuando el Directorio General del Cuerpo de Bomberos de Temuco conoció la propuesta de la Comandancia para desarrollar una unidad forestal acreditada. Tras recibir el respaldo institucional, se formalizó la adscripción al Sistema Nacional de Operaciones y se puso en marcha la planificación del proyecto.

La coordinación técnica quedó a cargo del cuarto comandante, Christian Mellado, quien encabezó un equipo de trabajo integrado por representantes de cuatro compañías. La convocatoria inicial reunió a cerca de 120 voluntarios interesados, pero las exigencias de capacitación, la carga administrativa y las dificultades para compatibilizar el proceso con las responsabilidades laborales y académicas redujeron progresivamente el grupo.

Finalmente, 52 bomberos y bomberas llegaron a la evaluación definitiva. La cifra refleja el nivel de exigencia del proceso, que no se limitó a las destrezas de combate del fuego, sino que incluyó planificación, procedimientos, logística, coordinación y capacidad de operar de manera autónoma en escenarios complejos.

El equipo contó con la orientación de Rodolfo Valdivia, mentor designado por el sistema nacional, quien acompañó la preparación metodológica y normativa. La institución también destacó el trabajo de Eduardo Azócar, jefe de Operaciones del proyecto, por su continuidad en las labores de planificación durante el proceso, pese a enfrentar una compleja situación de salud.

Mellado atribuyó el resultado al esfuerzo colectivo de los 52 integrantes y subrayó que la acreditación corresponde al conjunto de la institución, más allá de las responsabilidades individuales.

De 40 a más de 150 bomberos con formación forestal.

La acreditación se inserta en una reorganización más amplia de la especialidad forestal dentro del Cuerpo de Bomberos de Temuco, en un territorio expuesto a incendios que pueden propagarse desde áreas de vegetación hacia sectores habitados, conocidos como incendios de interfaz.

Hasta hace pocas semanas, la Decimotercera Compañía, ubicada en calle Lynch, a los pies del cerro Ñielol, era la única unidad especializada en esta área dentro de la institución. La Comandancia impulsó posteriormente un proceso de ampliación de capacidades mediante capacitación técnica impartida por la Escuela de Bomberos de Temuco, con la experiencia de la propia Decimotercera Compañía y el apoyo de la Corporación Nacional Forestal (Conaf).

La reorganización incorporó a la Cuarta Compañía, Bomba España, ubicada en avenida Francisco Salazar; a la Décima Compañía, con asiento en Labranza; y a la Duodécima Compañía, del sector Fundo El Carmen.

Según las cifras proporcionadas por Bomberos de Temuco, la dotación con formación especializada en combate de incendios forestales pasó de 40 a más de 150 voluntarios. La ampliación representa un incremento significativo de la capacidad institucional, aunque su impacto efectivo dependerá también de la disponibilidad de personal, la preparación permanente, los medios técnicos y la coordinación entre las unidades.

En el ámbito regional, esta capacidad se complementa con otros recursos bomberiles acreditados, entre ellos el recurso simple de Bomberos de Pucón. La coordinación entre estas unidades puede contribuir a mejorar la respuesta ante emergencias de mayor escala, especialmente cuando un incendio supera la capacidad de atención de una sola comuna.

Tres días de evaluación en terreno.

La prueba final comenzó la tarde del viernes 23 de octubre, con la activación de protocolos y mensajes correspondientes al ciclo operacional. Durante el fin de semana, los participantes debieron enfrentar ejercicios prácticos destinados a evaluar sus competencias tácticas, autonomía logística, planificación y capacidad de mando ante situaciones simuladas de alta complejidad.

La evaluación concluyó el domingo en el Centro de Desarrollo Bomberil de Temuco, ubicado en la ruta hacia Cholchol. Allí, la comisión evaluadora comunicó el resultado a las autoridades institucionales presentes, encabezadas por el superintendente Alfredo Lassalle y el comandante Claudio Fuentes.

Durante el cierre, Lassalle destacó el compromiso de los voluntarios, pero también puso el acento en una dimensión que será determinante para consolidar el resultado: la capacidad de la institución para sostener operacionalmente a la nueva fuerza de tarea.

El desafío incluye gestionar recursos económicos, equipos de protección personal y material mayor, además de asegurar que los voluntarios cuenten con condiciones adecuadas para intervenir de manera segura.

Este aspecto adquiere especial relevancia porque una acreditación nacional exige más que superar una evaluación. La capacidad de respuesta debe mantenerse en el tiempo, con personal disponible, equipamiento funcional, logística y recursos para sostener despliegues que pueden extenderse lejos de la ciudad de origen.

La próxima temporada, una prueba para la capacidad de respuesta.

El comandante del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa y punto focal operativo nacional del Sistema Nacional de Operaciones, Juan Quevedo, destacó el alcance de la certificación y explicó que estos procesos suelen demandar entre un año y medio y dos años de preparación y gestión.

Según detalló, la evaluación considera aspectos como la capacidad de desplazamiento, la organización logística, la estrategia operativa y el sostenimiento del personal en terreno. El objetivo es que las unidades movilizadas puedan funcionar con un grado suficiente de autonomía y eficiencia durante emergencias de gran magnitud.

Quevedo advirtió, además, sobre las condiciones ambientales que podrían incidir en la próxima temporada de incendios forestales. Las precipitaciones registradas durante los meses anteriores favorecieron el crecimiento de vegetación que, al secarse y combinarse con temperaturas elevadas y condiciones meteorológicas adversas, puede aumentar la disponibilidad de combustible vegetal.

El comportamiento de la temporada dependerá, no obstante, de la evolución concreta de las condiciones meteorológicas y de otros factores que influyen en la propagación del fuego. En ese escenario, contar con equipos preparados y mecanismos de coordinación nacional constituye una herramienta relevante para enfrentar emergencias de mayor complejidad.

La acreditación de la Fuerza de Tarea Forestal de Temuco amplía las capacidades disponibles para responder a incendios dentro y fuera de La Araucanía. Su importancia, sin embargo, no se medirá únicamente por el reconocimiento obtenido, sino por la capacidad de transformar esa certificación en una respuesta efectiva cuando estén en riesgo las personas, las viviendas, la infraestructura y los ecosistemas.

El desafío que comienza ahora es mantener operativa esa capacidad, respaldarla con recursos suficientes y asegurar que la preparación alcanzada se traduzca en una contribución concreta a la protección de las comunidades.

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