Marcela Jaramillo, de 43 años, padece una leucemia mieloide aguda y ya logró entrar en remisión tras meses de tratamiento. Sus médicos establecieron que necesita con urgencia un trasplante de médula ósea. Mientras busca un donante compatible, sostiene que una traba administrativa podría retrasar la búsqueda internacional que necesita para seguir con vida.
TEMUCO. — Marcela Jaramillo Iturriaga tiene 43 años, es profesora de educación diferencial, madre de dos hijos de 12 y 15 años y vive en Temuco. Desde el pasado 2 de mayo, su vida quedó suspendida entre hospitales, quimioterapias, diagnósticos y una pregunta que no admite demasiadas demoras: ¿Cuándo aparecerá el donante que pueda salvarle la vida?
La profesora fue diagnosticada con Leucemia Mieloide Aguda (LMA), una enfermedad agresiva que la obligó a abandonar temporalmente su hogar y trasladarse a la casa de sus padres. Sus hijos, mientras tanto, han debido enfrentar la enfermedad de su madre y la incertidumbre de no saber cuánto tiempo podrá mantenerse en pie.
Después de cuatro meses marcados por hospitalizaciones y tratamientos, Jaramillo consiguió una noticia que parecía abrir una ventana de esperanza: entró en remisión gracias a la quimioterapia.
Pero la remisión no significa que la batalla haya terminado.
Según el equipo médico de la Clínica Santa María, centro trasplantador designado para su caso, el trasplante de médula ósea constituye su única alternativa real de supervivencia y debe concretarse con carácter urgente.
El problema es que encontrar un donante compatible no depende solamente de la voluntad de la paciente ni de sus médicos.
Cuando el tiempo se convierte en enemigo.
Inicialmente fueron evaluados familiares como posibles donantes. La compatibilidad alcanzaba el 50%, pero la presencia de anticuerpos en el organismo de Jaramillo hizo que esas alternativas fueran descartadas debido al elevado riesgo de rechazo.
Todavía quedan dos familiares en proceso de estudio. Sin embargo, ante la incertidumbre de esos resultados, la alternativa que aparece como fundamental es la búsqueda de un donante no emparentado en registros internacionales.
Y es precisamente allí donde, según denuncia la profesora, aparece el segundo obstáculo: la búsqueda internacional no tendría cobertura ni autorización automática por parte del Ministerio de Salud para pacientes en su situación.
Jaramillo sostiene que solicitó al Hospital Dr. Hernán Henríquez Aravena de Temuco y al Ministerio de Salud una evaluación excepcional y urgente que permita activar esa búsqueda internacional en paralelo, mientras se resuelven los aspectos administrativos y financieros.
Su argumento es sencillo y, al mismo tiempo, dramático: la enfermedad no funciona con los mismos plazos que la administración pública.
Una recaída antes del trasplante podría reducir drásticamente sus posibilidades de sobrevivir.
“No pido saltarme las reglas”.
En una carta abierta dirigida a medios de comunicación y autoridades políticas, Jaramillo decidió hacer público su caso después de lo que describe como un proceso marcado por la incertidumbre.
“Hoy recurro a ustedes en un acto de desesperación, pero también de profunda esperanza”, comienza señalando.
Su petición no es que se eliminen los procedimientos, sino que se aceleren frente a la gravedad de su diagnóstico.
“No pido saltarme las reglas; imploro que los tiempos administrativos no sean más rápidos que mis ganas de vivir”, plantea.
La frase resume el conflicto que enfrenta: una paciente en remisión, con una enfermedad agresiva y una ventana clínica limitada, esperando que decisiones administrativas permitan ampliar las posibilidades de encontrar un donante.
Mientras tanto, ella intenta mantener una rutina que hace pocos meses parecía completamente normal.
Es profesora, madre y también escritora. Desde el primer día de su enfermedad comenzó a escribir un libro en el que registra cronológicamente su experiencia. Quiere dejar testimonio de lo que significa enfrentar el cáncer en Chile, no solamente desde el diagnóstico médico, sino desde la incertidumbre, el miedo, las hospitalizaciones y el impacto que la enfermedad provoca en toda una familia.
Una madre que pide tiempo.
Hay un elemento que atraviesa toda su historia: sus hijos.
Jaramillo reconoce que uno de sus mayores temores no es solamente enfrentar la leucemia, sino que sus hijos deban crecer sin ella.
“Soy el sustento de mis dos hijos”, sostiene, al explicar la dimensión familiar que tiene esta lucha.
Su temor, dice, es terminar perdiendo la batalla “porque un papel no se firmó a tiempo”.
La frase es especialmente significativa porque expone una tensión que trasciende su caso particular: cuando una enfermedad exige respuestas urgentes, ¿hasta dónde puede la burocracia adaptarse a la velocidad que impone la medicina?
Jaramillo apuesta ahora por hacer visible su situación.
Está convencida de que la exposición pública puede conseguir aquello que los trámites administrativos no han logrado hasta ahora: acelerar decisiones.
“La visibilidad pública mueve las voluntades que las cartas administrativas congelan”, afirma.
La batalla que aún no termina.
La historia de Marcela Jaramillo está lejos de ser una historia de derrota. Haber alcanzado la remisión representa una victoria médica y personal después de meses de tratamiento.
Pero esa victoria tiene una condición: encontrar a tiempo al donante que permita avanzar hacia el trasplante.
Por eso su llamado no está dirigido solamente a una institución determinada. También interpela a quienes toman decisiones sobre el acceso a tratamientos complejos, cobertura, financiamiento y búsqueda internacional de donantes.
Porque en su caso el reloj corre.
Mientras los antecedentes circulan entre hospitales, oficinas y autoridades, una profesora de 43 años espera que aparezca una compatibilidad capaz de cambiar el desenlace de su historia.
En su casa la esperan dos hijos.
Y Marcela Jaramillo quiere volver con ellos.
¡No está pidiendo tiempo. Está pidiendo que el sistema no se lo quite.!
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