Por Mauricio Rivas Alvear – Director Diario El Austral
Desde niño que camino por Temuco. Primero por obligación (me gastaba el dinero de la micro en un Súper Ocho, en fichas de flipper y ya en la adolescencia, lo confieso, en un par de cigarros sueltos); y ahora de adulto sigo caminando, simplemente, por gusto y opción.
El ejercicio de caminar una ciudad, esta o cualquier otra, no sólo tiene fines saludables, sino que también despierta sentidos amplios, como la observación, la reflexión y, principalmente, la experiencia de analizar con atención los comportamientos y flujos de la ciudad y sus habitantes. Caminar por la ciudad abre un abanico de experiencias y sensaciones, que arriba de un vehículo no se perciben con detalle.
Caminando uno se conecta con la realidad de golpe. Con las carencias y las bondades. Con los problemas y las oportunidades. Por ejemplo, con el estado de las veredas, con el uso de los basureros, con el comportamiento de los peatones y los conductores, con la mantención de las áreas verdes, con el colapso vehicular, con la cantidad de perros callejeros, con las incivilidades, pero también con gente que respeta y cuida la ciudad. Y así, con varios etcéteras.
Es en este ejercicio donde la mirada es más cristalina y, a su vez, más crítica. Si bien Temuco tiene grandes ventajas y fortalezas en comparación a otras urbes del país, no es menos cierto que también carece de elementos e hitos que hacen grandes a las ciudades, que las transforman en destinos imperdibles y recomendables.
En primer lugar, recuperar espacios que parecen detenidos en el tiempo y hasta casi abandonados, como el centro, la Avenida Barros Arana, la Feria Pinto y las calles que la conectan. Hay otros, tan y más importantes, que sufren un evidente descuido, como el Río Cautín, el Canal Gibbs (con sus patos y peces), la Isla Cautín y varios barrios tradicionales y más periféricos a los cuales la modernidad parece prohibida.
El Mercado Municipal y el Pabellón Araucanía son tema aparte. Aquí, claramente, las malas decisiones, junto a la falta de voluntad y firmeza han sido los principales enemigos de su deterioro y lentitud para avanzar en su levantamiento.
Pero, las oportunidades de Temuco no sólo están en materia de recuperación de espacios e infraestructura. La ciudad también adolece de identidad y resguardo de su historia.
El alcalde Roberto Neira planteaba hace algunos días, al presentar la cartera de proyectos emblemáticos de cara a la celebración de los 150 años de la ciudad, y junto con ello al Comité Ejecutivo que colaborará en esa planificación, que durante los próximo años su administración se enfocará en abordar tres ejes indispensables para la capital regional: infraestructura, identidad y memoria.
El enfoque de la autoridad es razonable. Decía el presidente regional de la Cámara Chilena de la Construcción, Lorenzo Dubois, tras relevar la importancia del Canal Gibbs en la edición del domingo 18 de enero del Diario El Austral, que “Temuco no necesita más diagnósticos, sino decisión y coordinación”.
El líder gremial da en el clavo con un punto que ha sido motivo de resignación ciudadana. A veces a la autoridad se le olvida que la comunidad espera soluciones concretas y rápidas, más que discursos, planes y promesas que cada cuatro años se diluyen.
Es por ello que los recientes anuncios del jefe comunal abrigan una luz de esperanza de que en los próximos meses o en pocos años veremos acciones concretas en los proyectos que ha anunciado como prioritarios.
Es fundamental y urgente que Temuco avance en una identidad que no tiene, y si la tiene es, a lo menos, ambigua. También es crucial que la ciudad pueda reconstruir su memoria a través de un relato que sea tangible, ya sea a través de espacios u obras que den cuenta de la historia de la ciudad. Si nos jactamos de que los dos más grandes poetas tienen un fuerte arraigo con la ciudad en la que coincidieron por años, por qué no pensar en un gran monumento que los reviva y sea la puerta de entrada a un imponente circuito de Mistral y Neruda que aún sigue en deuda.
Temuco tiene todo para ser la gran puerta de entrada a la Patagonia y la gran ciudad donde comienza el fin del mundo. Solo falta que quienes nos dirigen y administran los recursos trabajen sin descanso, con unidad y voluntad en esa dirección.
Es hora de caminar.
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