Por: Mg. Marco Antonio Vásquez Ulloa, Ingeniero Comercial-Contador Público y Auditor Académico Facultad de Ciencias Jurídicas y Empresariales Universidad de La Frontera.

El presupuesto es más que números: es la brújula que orienta la gestión de las organizaciones y la economía de las familias. Hoy, el aumento sostenido del precio de los combustibles en Chile nos obliga a revisar esa brújula con urgencia.

Ejemplos como como el caso del municipio de Temuco, ya advirtió que, con los recursos disponibles, sus vehículos quedarán paralizados en septiembre. Menos patrullajes, menor capacidad de respuesta y un impacto directo en la ciudadanía.

Otro ejemplo es la Dirección de Vialidad que, enfrentará dificultades para movilizar maquinaria pesada, lo que significará menos mantenimiento de caminos y problemas de conectividad. Los servicios de salud también sufrirán: menos ambulancias en circulación implicando riesgos en la atención de urgencias y retrasos en traslados, especialmente en zonas rurales.

En el caso de las familias que dependen del automóvil para llevar a los hijos al colegio y luego trasladarse al trabajo verán aumentado su gasto en combustible en más de un 40%. Ese incremento reduce el presupuesto disponible para alimentación, recreación o ahorro. La consecuencia es clara: ajustarse el cinturón y reorganizar prioridades.

El académico José Ignacio Hernández, de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, advierte: “El encarecimiento del petróleo repercute en toda la economía y los mecanismos de estabilización no lograrán amortiguar completamente el efecto en el corto plazo”. Economistas consultados por Forbes Chile señalan que “el aumento en los precios de los combustibles traerá un efecto dominó en todas las industrias, afectando inevitablemente al consumidor final”. En tanto, especialistas entrevistados por CNN Chile recalcan que la histórica alza anunciada este año “impactará directamente en la inflación y en el costo de vida de los hogares”.

Es necesario entonces levantar estrategias para enfrentar este desafío. Los gestores de presupuestos —sean autoridades municipales, directores de servicios públicos o jefes de hogar— deben re-hacer sus cálculos y proyectar hacia fin de año. Entre las medidas urgentes: Ajustar partidas y eliminar costos por sobrestock. Disminuir la cantidad de materia prima almacenada. Buscar alternativas de transporte más eficientes. Reforzar el ahorro y priorizar necesidades básicas.

El alza de los combustibles nos interpela a todos. La pregunta es inevitable: ¿estamos preparados? ¿ajustamos nuestros presupuestos? ¿ya tenemos estrategias para enfrentar este inconveniente?

La Araucanía necesita previsión, creatividad y disciplina financiera. Autoridades, gestores públicos y familias deben asumir que el presupuesto no es un trámite administrativo, sino un instrumento vital para la sobrevivencia y el bienestar. Solo así evitaremos que el alza de los combustibles paralice nuestra vida cotidiana y detenga el desarrollo de la región.

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