Tras meses de espera y declaraciones cruzadas con la familia protagonista, la serie “Alguien tiene que saber” debutó esta madrugada en Netflix con una expectación local pocas veces vista.
En ocho capítulos que en promedio no superan los 40 minutos, la historia se inmiscuye en uno de los casos judiciales más mediáticos y frustrantes de las últimas décadas en Chile: la desaparición y muerte del joven Jorge Matute Johns (23 años), aún sin sentencia condenatoria a casi tres décadas del crimen.
Protagonizada por Paulina García y Alfredo Castro, y con un elenco que completan Clemente Rodríguez, Lucas Sáez Collins, Gabriel Cañas, Héctor Morales y Camila Hirane, entre otros, la serie “inspirada en hechos reales” recorre el complejo devenir de Vanessa Font (Paulina García) en busca de su hijo: Julio Montoya Font (Clemente Rodríguez), quien desaparece sin dejar rastros una noche de noviembre de 1999.
Tal como en el caso real, a Julio se le pierde la pista luego de su paso por la discoteca La Cucaracha, que en la serie de Netflix es uno de los pocos detalles que permanece con su nombre original. Las demás alusiones, en cuanto a identidades y referencias, están modificadas.
Para encausar la investigación, el gobierno de Ricardo Lagos (quien aparece en pantalla hablando del caso Matute en un archivo televisivo de la época) encomienda la tarea al laureado Prefecto Montero (Alfredo Castro), quien se instala en Concepción con un equipo de detectives por mandato especial del presidente.
El personaje evoca a Héctor Arenas, el detective que investigó el caso hasta 2004, año en que se encontró el cuerpo de Jorge Matute en la ribera del río Biobío.
El secreto de confesión.
El tercer protagonista de la serie es un sacerdote inspirado en el expárroco Andrés San Martín, quien aseguraba haber recibido bajo secreto de confesión detalles clave del crimen. Durante una misa, de hecho, afirmó que Matute estaba muerto y que su cuerpo había sido ocultado, cuando este aún no aparecía.
Interpretado por Gabriel Cañas, se trata de uno de los personajes ancla de la historia y el motor del desenlace dramático, que mantendrá en incertidumbre al espectador hasta el último capítulo.
Cada una de las ocho entregas termina de la misma manera, con un aviso tan inquietante como aclaratorio sobre los terrenos abordados: “Esta serie está inspirada en hechos reales. Los personajes, escenas y diálogos han sido ficcionados, combinados o creados con fines dramáticos…. El caso judicial en el que se inspiran los hechos de esta serie, no cuenta con una sentencia condenatoria al momento de su estreno”.
Concepción y el Caso Matute.
Uno de los principales pecados de “Alguien tiene que saber” refiere a la percepción temporal de su trama. En pantalla, todos los acontecimientos ocurren en cuestión de semanas o meses, hecho que vuelve imperceptible una de las características clave del caso: la larga y frustrante espera por obtener, siquiera, algo de justicia.
En la línea argumental de Fábula/Netflix, que en pantalla avanza a velocidad crucero, el espeso lapsus de incertidumbre, intriga y desesperación familiar, desde la desaparición hasta el hallazgo del cuerpo, es apenas notorio, y casi un detalle irrelevante.
Eso explica, en parte, que en los primeros capítulos queden desechadas casi por completo las hipótesis policiales que apuntaban al dueño de La Cucaracha como responsable del delito (en la época, Bruno Betanzo era rostro habitual de los noticieros), así como las reminiscencias nacionales del drama penquista en la sociedad completa, de norte a sur.
El telón de fondo, sin embargo, es el mismo dentro y fuera de pantalla: cuando la tragedia se despliega y ya van semanas en que la policía no encuentra a “Juli”, es la ciudad de Concepción la que sale en masa a las calles a abrazar el dolor de Vanessa, que si bien conserva un parecido físico evidente con la madre de la víctima, en la trama solo se aproxima someramente al coraje de María Teresa Johns en los días de la tragedia.
¿Dónde está Jorge Matute?
Una de las secuencias mejor logradas de los 8 capítulos tiene al amor familiar como protagonista. Con “Hablar de ti” de Manuel García en la música incidental, el espectador se asoma en cuestión de segundos a la dramática ausencia de Julio a través de imágenes de infancia, descrita primero en el genuino amor entre hermanos y luego en el atávico vínculo maternal con Vanessa, pero con cuidada distancia y sutileza. Por lejos, el pasaje más emotivo de la serie.
En este sentido, y en comparación con los hechos reales que se gatillaron en 1999, una de las grandes omisiones de la historia ficticia es la de Jorge Matute Matute, el padre de Jorge Matute Johns.
Tanto en la trama de Netflix como en la búsqueda desesperada por Julio, el único apoyo de Vanessa es su hijo Eric Montoya Font, cuya biografía se inspira en Álex Matute Johns. Las razones para la ausencia del progenitor, no han sido especificadas.
Lo que sí se especifica son las hipótesis que persiguieron los detectives del caso para encontrar a Jorge; cómo (otra vez) malos procedimientos policiacos y animadversiones entre Carabineros y PDI entorpecieron una investigación de connotación nacional; y cómo se tejió la nube de confusión que hasta hoy rodea estos hechos.
Por un lado, la idea que plantea que un grupo de jóvenes asesina a JMJ y luego oculta el cuerpo. Y por otro, la hipótesis que terminó imponiéndose: la que demuestra que el deceso lo gatilló una intoxicación por el fármaco pentobarbital.
Para los neófitos en el caso (para quienes se enteran de la desgracia de Matute Johns por esta serie o incluso por esta publicación periodística), ‘Alguien tiene que saber’ puede ofrecer un tríptico austero y estético sobre uno de los enigmas policiacos más emblemáticos de las últimas décadas. Para quienes recuerdan con algo de nitidez lo que ocurrió en Concepción en 1999, la serie de Netflix será un recordatorio cruel: 27 años después aún no hay culpables, y nada apunta a que los habrá.

Alguien tiene que saber:
Dirección: Fernando Guzzoni, Pepa San Martín.
Productores ejecutivos: Juan de Dios Larraín, Pablo Larraín, Ángela Poblete, Mariane Hartard.
Producción: Fabula.
Elenco: Paulina García, Alfredo Castro, Clemente Rodríguez, Lucas Sáez Collins y Gabriel Cañas.
Escrita por: Rodrigo Fluxá, Pablo Manzi y co-desarrollado por Carla Stagno.
Episodios: 8.
Editor: contacto@noticiascomunitarias.cl
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