Argentina es uno de los países con mayor cantidad de psicólogos por habitante del mundo, con más de 200 profesionales cada 100.000 personas, muy por encima de Estados Unidos o Francia. Sin embargo, el malestar emocional afecta al 18,1% de los chicos de 5 a 17 años, y se concentra en los hogares más pobres, donde es más difícil acceder a un profesional.

Las cifras surgen de un estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA), que midió aspectos de la infancia que los relevamientos oficiales no suelen capturar: salud mental, acceso a ropa, vínculos con pares y condiciones de aprendizaje en la escuela.

El documento —titulado Dimensiones postergadas del bienestar infantil: salud, vestimenta, vínculos y escuela en la infancia urbana argentina— fue elaborado por las investigadoras Ianina Tuñón, Valentina González Sisto y Lucrecia Freije, y se basa en la Encuesta de la Deuda Social Argentina 2025, que relevó a más de 2.200 niños y adolescentes en centros urbanos de todo el país.

“Tener muchos psicólogos no sirve de nada si estos no están disponibles para atender a las poblaciones más vulnerables en el sistema de salud y en los espacios escolares”, señala en diálogo con BioBioChile Ianina Tuñón.

“Un pibe (niño) que vive hacinado, que no puede festejar su cumpleaños, que se viste distinto a sus compañeros y le da vergüenza, que no tiene un lugar tranquilo para estudiar… ese pibe va a estar angustiado. Y eso no lo cura un psicólogo al que, adicionalmente, no podrá acceder. Se cura con vivienda, con trabajo para sus padres, y con escuela”, agrega.

Las adolescentes mujeres son el grupo más afectado: el 24,7% presenta síntomas, frente al 18% de los varones. La brecha, explica el informe, se explica por factores biológicos vinculados a la pubertad, mayor exposición a violencias de género y mandatos culturales que alientan la expresión del malestar en las mujeres mientras promueven la inhibición emocional en los varones.

Este malestar tiene, a su vez, un efecto directo sobre el aprendizaje, ya que los chicos con síntomas de tristeza o ansiedad tienen un 46% más de probabilidades de no aprender mucho en la escuela.
“El malestar psicológico en los niños, en parte, es un problema de desigualdad social. Y la desigualdad no se arregla con sesiones de terapia. Se arregla con políticas públicas”, sentencia Tuñón.

El estudio revela que el 19,8% de los chicos dejó de ir al médico o al odontólogo durante 2025 por problemas económicos, aunque esos servicios sean gratuitos. La cifra trepa al 27,5% en los adolescentes. La atención dental es la más postergada: el 17,4% no pudo ir al odontólogo por falta de dinero.

En los sectores más pobres, las chances de postergar una consulta son tres veces más altas que en los sectores acomodados. “Esto implica que el sistema público, que ya tiene el desafío de atender al 61% de los chicos porque no tienen obra social, termina recibiendo pacientes mucho más graves de lo que tendrían que ser”, explica Tuñón. Y agrega: “Cuando un chico no va nunca al dentista, a los 12 años llega con caries profundas, infecciones, pérdida de piezas. No tener una dentadura adecuada a tan temprana edad tiene consecuencias en la construcción de su autoestima y afecta su proceso de socialización”.

La ropa como marcador de exclusión.

Otra dimensión de la pobreza que los números oficiales rara vez capturan es la vergüenza. El 37,5% de los niños y adolescentes tuvo dificultades para comprar ropa o calzado durante 2025 por problemas económicos. En el estrato más bajo, esa cifra trepa al 58,3%.

Más allá de la carencia material, el estudio midió su impacto emocional: el 12,3% de los chicos de 5 a 17 años no puede vestirse como sus pares, y el 6,9% sufre emocionalmente por ello.

En el estrato más bajo, uno de cada cinco chicos se ve afectado por no poder acceder a la ropa que usan sus compañeros. En el estrato medio alto, esa proporción cae al 1%. La ropa, señalan las investigadoras en el informe, opera como marcador de pertenencia en espacios, como la escuela, donde la apariencia condiciona la inclusión.

Y tiene consecuencias concretas, de nuevo, en el aprendizaje. Quienes no pueden vestirse como sus pares tienen más dificultades para construir amistades. Sin amigos, los niños tienen 1,8 veces más probabilidades de no aprender mucho en la escuela.

El factor que más pesa: el ausentismo docente.

El análisis multivariado del informe identifica que el factor con mayor peso sobre el aprendizaje es el ausentismo docente, producto de la crisis económica. Los chicos que asisten a escuelas con faltas frecuentes de maestros o suspensiones de clases tienen 5,4 veces más probabilidades de no aprender mucho.

El problema se concentra, nuevamente, en los hogares más pobres. El 44% de los chicos del estrato más bajo asiste a escuelas con ausentismo frecuente, frente al 16,8% del estrato medio alto. En total, el 36,8% de los chicos de 6 a 17 años “aprende algo, pero podría aprender más”, según la percepción de sus adultos de referencia.

Una desigualdad que se hereda.

“No estamos hablando de pobres que están un poco peor. Estamos hablando de que la pobreza se mete en el cuerpo y en la cabeza de los chicos y los marca para siempre”, dice Tuñón.

“Si no aprendés de chico, llegás mal a la secundaria. Si llegás mal a la secundaria, difícil que termines. Si no terminás, no tenés un buen trabajo y te insertás en el mercado informal y precario, sin acceso a obra social. Un chico que no fue al médico ni al dentista de chico se convierte en un adulto con enfermedades crónicas evitables”, resume la investigadora.

El informe concluye que no se hereda solo la pobreza: se heredan las enfermedades, la angustia, el fracaso escolar y la falta de oportunidades. “No porque no existan los mecanismos para revertirlo —aclara Tuñón—, sino porque no hay institucionalidad ni familia que pueda acompañar sostenidamente y con acciones de calidad oportunas”.

La buena noticia, dice el informe, es que cada una de esas mediaciones es potencialmente modificable por políticas públicas. La mala: Con la motosierra como bandera, esas políticas públicas no aparecen en la hoja de ruta oficial. Vía Bío Bío Chile._

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