Niños y jóvenes amantes de la música urbana, que no pueden subirse los pantalones hasta la cintura o que simplemente les falta algo de atención, han infundido temor en diferentes comunidades educativas en los últimos días, ayer el Liceo Bicentenario Politécnico de la comuna de Villarrica y ahora fue el turno del Liceo Camilo Henríquez de Temuco, el cual permanece en esta jornada de martes con medidas especiales de seguridad ante la difusión de algunas imágenes de rayados en los baños, anunciando tiroteos y de presencia de molotov.

«Ante mensajes difundidos durante las últimas horas en redes sociales y grupos de mensajería, que aluden a una posible situación de riesgo, el establecimiento activó de inmediato los protocolos de seguridad correspondientes» anunciaron en la jornada de ayer desde la Dirección del Establecimiento.

Pero ojo no es el primer colegio que este año que ha vivido este episodio de amenazas, ya que hace pocos días atrás, un Liceo de la Avenida Manuel Recabarren de la ciudad de Temuco, también vivió la misma situación, y hoy se confirma por ejemplo que el Colegio Nacional de Villa Alemana suspendió clases ante amenazas de tiroteo.

La situación claramente se ha ido agudizando a partir del lamentable hecho ocurrido en la ciudad de Calama, lo que mantiene muy preocupados a los padres y apoderados, que prefieren no enviar a sus hijos en estas jornadas para prevenir lo que no quieren lamentar.

Pero hay que ver el problema de fondo, escondernos es hacer lo mismo que lo que hace la avestruz, ya que los jóvenes de hoy y sus carencias son fruto absoluto de nuestros vacíos como padres y adultos, que todavía creemos que comprándoles el mejor celular y las mejores zapatillas (las que te muestran en vídeos de pseudo cantantes) cumplimos la misión que debemos realizar día a día, pero no, porque está más que comprobado que no por endeudarte a 24 cuotas para pagar lujos caros a los niños, ellos serán mejores personas, quizás ponerles atención 30 minutos y conversar un rato de la vida, sea mucho más efectivo.

¿Le revisamos los celulares y las mochilas a nuestros hijos e hijas? ¿Ponemos atención con quienes salen, se juntan o lo que hace cuando están fuera de la casa? ¿Le ponemos límites, cuando se refieren de manera agresiva a un compañero o a un profesor?

Y recordar lo que en algún momento nos dijo el «filósofo» cantante  «Franco De Vita» por allá en los años de 1990: «No basta»

No basta
traerlos al mundo porque es obligatorio
porque son la base del matrimonio
o porque te equivocaste en la cuenta

No basta
con llevarlos a la escuela a que aprendan
porque la vida cada vez es más dura
ser lo que tu padre no pudo ser.

No basta
que de afecto tú le has dado bien poco
todo por culpa del maldito trabajo
y del tiempo.

No basta
porque cuando quiso hablar de un problema
tú le dijiste niño será mañana
es muy tarde, estoy cansado.

No basta
comprarle todo lo que quiso comprarse
el auto nuevo antes de graduarse
que viviera lo que tú no has vivido.

No basta
con creerse un padre excelente
porque eso te dice la gente
a tus hijos nunca les falta nada.

No basta
porque cuando quiso hablarte de sexo
se te subieron los colores al rostro
y te fuiste.

No basta
porque de haber tenido un problema
lo había resuelto comprando en la esquina
lo que había, lo que había.

No basta
con comprarle curiosos objetos
no basta
cuando lo que necesita es afecto
aprender a dar valor a las cosas
porque tú no le serás eterno.

No basta
castigarlo por haber llegado tarde
si no has caído ya tu chico es un hombre
habla más alto y más fuerte que tú.

No basta.

«No Basta» de Franco De Vita explora la compleja y a menudo frustrante dinámica entre padres e hijos en la sociedad moderna. La canción trasciende una simple narrativa de desamor paternal, adentrándose en una crítica sutil a los valores materialistas y a la falta de tiempo de calidad en las familias contemporáneas.

El contexto social refleja la presión del trabajo, la competencia económica y la dificultad de equilibrar la vida profesional con la familiar. El estilo del artista se manifiesta en la sencillez de la letra, que consigue transmitir una profunda emoción a través de la repetición insistente de la frase «No basta», creando una sensación de impotencia e insuficiencia.

La vulnerabilidad que expresa la canción, a pesar de su aparente simpleza, es una característica recurrente en la obra del cantante, quien a menudo aborda temas emocionales complejos con una honestidad conmovedora. El artista muestra una perspectiva reflexiva y crítica, no solo hacia la figura paternal, sino también hacia una sociedad que prioriza lo material sobre lo afectivo.

Temuco. Abril de 2026._

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